






«La mujer líquida espera en la arena de un reloj, no sabe lo que le depara el futuro. Su boca rubia succiona el vaso y separa con la lengua los hielos del limón. Un iceberg se apodera del momento, el sol es una perla que derrite el alcohol de su cerebro. Mientras bebe divide el mundo en dos, el horizonte separa la ginebra de la tónica, pero los azules perciben una lanzada de luz que atraviesa su hígado en vertical. La sangre cae sobre la playa amarilla, las olas se arrastran y se llevan los restos del naufragio. La herida es profunda pero lleva mucho tiempo cicatrizando. El deseo no queda saciado con un solo trago de presente. La mujer te mira fijamente y mata la sed para recordar que está viva, quiere aspirar el mar, quemar los barcos, pescar marineros. Con ansia se sumerge en el vaso como si fuera el lago azul, la bañera de un hospital, el charco de la infancia. Introduce la lengua, chupa suavemente el jugo de la fruta, absorbe el veneno. Durante el sorbo el tiempo de espera se congela, el impacto se limita al placer inicial, la mujer se transforma en sirena de la imaginación». Carlos Sánchez Alberto
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Wislawa Szymborska (Kórnik, 1923-Cracovia, 2012)
Poesía no completa, Fondo de Cultura Económica de España, 2011
(Premio Nobel de Literatura en 1996), Traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia.

El taller «Elementos de la poesía contemporánea» respondía a un formato muy característico de La Casa Encendida en su primera época, cursos monográficos de una semana. En aquella época dorada Mariano Peyrou asentó su metodología pedagógica en la institución. Un trabajo que comenzó precisamente en 2006 y que sirvió como embrión para su libro Tensión y sentido. El libro plantea que la poesía actual funciona bajo códigos diferentes a los de la comunicación pragmática cotidiana. En lugar de buscar un mensaje unívoco y cerrado, invita al lector a entregarse a la tensión y la fascinación que produce el extrañamiento.
En el poema «Alabanza de mi hermana» de Wisława Szymborska, Peyrou destaca la introducción de elementos abiertamente prosaicos dentro de la estructura lírica. Funciona originalmente como una ironía ligera sobre la normalidad, celebrar que alguien no escriba versos es una forma de descansar de la solemnidad del arte. Retrata con ironía y afecto la vida cotidiana y ordinaria de su hermana, destacando que ninguna persona en su familia se dedica a escribir poesía y celebrando la tranquilidad de su entorno doméstico.
“Alabanza de mi propia hermana” Gema Sánchez García 26 mayo 1976 - 15 septiembre 1976

Carlos Alberto. El paisaje como geografía de la memoria
En este acrílico de 2001, Carlos Alberto, artista visual y diseñador, construye un universo plástico donde el paisaje se convierte en territorio de la memoria, la imaginación y el pensamiento simbólico. Lejos de una representación naturalista, la obra reúne referencias históricas, religiosas y culturales en una composición de gran libertad asociativa. Una oliva milenaria ocupa el centro de la escena y articula sus diferentes planos. A su alrededor conviven un castillo de resonancias castellanas, representaciones del Lignum Crucis, una pequeña maleta que guarda la corona de una virgen, hojas de vid y, en lo alto, la insólita figura de un pato dentro de una gran luna. Elementos de procedencias y significados diversos que, al encontrarse, configuran una geografía visual abierta, entre lo cotidiano, lo sagrado y lo fantástico.
Formalmente, la pintura destaca por la superposición de superficies cromáticas, dibujo gráfico y estructuras geométricas que parecen trazar una cartografía de relaciones invisibles. Los intensos azules, los verdes profundos y los ocres mediterráneos refuerzan la tensión entre naturaleza y construcción intelectual. Esta libertad compositiva encuentra un vínculo revelador con la trayectoria de Carlos Alberto como diseñador y artista gráfico. En su propio discurso ha definido su estilo como «ecléctico extremo», una expresión que ayuda a comprender su interés por el collage, la superposición de espacios y la imagen entendida como lenguaje autónomo.
Con afinidades puntuales con el surrealismo y la investigación gráfica de Paul Klee, Joan Miró o Eduardo Sánchez Beato, la obra mantiene, sin embargo, una personalidad propia. Su principal virtud reside en no imponer una lectura cerrada, los símbolos se relacionan, sugieren y conservan parte de su misterio. Más que representar un paisaje, Carlos Alberto construye un lugar donde la naturaleza, la historia y la imaginación comparten una misma memoria. _ zarlos ortiz