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:: ratón

El parto de los montes, fábula de Esopo (siglo VI a. C.). Hace mucho tiempo, en tiempos muy lejanos los montes daban señales de parir, y los hombres de aquellos tiempos, esperaban ese parto con mucho miedo, y asombro por saber que clase de monstruo iban a abortar; y al fin resulto que el temible fruto de los montes era un inofensivo ratón , lo cual causo carcajadas en los hombres. 
Moraleja: Esta fábula demuestra, que las personas que mas se jactan son los que menos hacen. También nos dice que no se deben temer aquellos temores sin sentido, pues la mayor parte de las veces, lo mas grave que hay en el peligro es el miedo que se le tiene.

imagen::calber


:: la última vez que utilicé esta fábula lo hice a la manera de Horacio, y esta coincidencia literal me asombra. Este poeta satírico y reflexivo, expresa aquello que desea con una perfección casi absoluta. En estos días he conocido después de 10 años a otro Horacio, relacionado también de forma casi absoluta con la filosofía. Creo que a ambos les unen los principales temas que trata en su poesía el primero: el elogio de una vida retirada, en la sierra («beatus ille») y la invitación de gozar de la juventud, simbolizada en el scooter freestyle («carpe diem»). Horacio hace una breve referencia a la fábula esópica en su Epístola a los Pisones, donde con las palabras Parturient montes, nascetur ridiculus mus ("parirán los montes; nacerá un ridículo ratón") se refiere a los escritores que escriben con estilos rimbombantes o prometen más de lo que realmente son capaces de ofrecer. Fue en este contexto que utilice la fábula con una de mis referentes literarias de forma ligera o demasiado literal y ahora pienso que quizá fue esto provocado por la confusión o el exceso de miedo, temores sin sentido, peligros que no se deben correr.

:: dE nADA

imagen::calber

::dos fábulas con agua sobre el agradecimiento: 
La gallina, el cerdo griego y Diógenes, 
de Esopo y Rafael Pombo

1.

      Yendo de viaje, Diógenes el cínico llegó a la orilla de un río torrencial y se detuvo perplejo. Un hombre acostumbrado a hacer pasar a la gente el río, viéndole indeciso, se acerco a Diógenes, lo subió sobre sus hombros y lo pasó complaciente a la otra orilla. Quedó allí Diógenes, reprochándose su pobreza que le impedía pagar a su bienhechor. Y estando pensando en ello advirtió que el hombre, viendo a otro viajero que tampoco podía pasar el río, fue a buscarlo y lo transportó igualmente. Entonces Diógenes se acercó al hombre y le dijo: No tengo que agradecerte ya tu servicio, pues veo que no lo haces por razonamiento, sino por manía. 
      Cuando servimos por igual a personas de buen agradecimiento, así como a personas desagradecidas, sin duda que nos calificarán, no como buena gente, sino como ingenuos o tontos. Pero no debemos desanimarnos por ello, tarde o temprano, el bien paga siempre con creces. _ Esopo

2.

Bebiendo una gallina 
de un arroyuelo, 
a cada trago alzaba 
la vista al Cielo, 
y con el pico 
gracias daba a quien hizo 
licor tan rico.

¿Qué es eso? gruñó un puerco, 
¿Qué significa 
tan ridícula mueca? 
y ella replica : 
Nada, vecino. 
la gratitud es griego 
para un cochino.

Pero no hay alma noble 
que no agradezca 
hasta una gota de agua 
que se le ofrezca; 
y aun la gallina 
siente la inagotable
bondad divina.