:: karawanzine 3 - Yakarta

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Debo, ante todo, solicitar al lector una indulgencia generosa por el silencio prolongado que ha precedido a esta edición. El tiempo, en la periferia, parece poseer una sintaxis distinta a la de los relojes del centro; a veces se detiene en los chaflanes y otras se acelera en los agujeros negros, pero rara vez coincide con la urgencia de las cosas. Esta demora, lejos de ser un abandono, ha sido un proceso de sedimentación necesario. Entregar una obra colectiva requiere una paciencia que las circunstancias y expectativas suelen ignorar, pero que la artesanía exige para que las ideas nazcan con cierto sentido. Quizá la espera sea, en sí misma, la primera declaración de intenciones de esta revista: una tregua frente a la inmediatez para permitir que lo pensado cobre su peso. [EDITORIAL - Carabanchel o barbarie … pág. 3]

[Yakarta - calber/poema carlos sánchez alberto … pág. 77]

[Contradictions of the TOLEDO BRIDGE - calber … pág. 93]

_____________ARCHIVO>> karawanzine

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:: Frankenstein

:: Hay algo de Frankenstein en nosotros, sobre todo, en quien recibe del otro. El deudor vive de una paradoja, necesita que alguien le dé el tiempo, el espacio, la confianza o el dinero que le permitan entregarse a aquello que, por definición, no sabe todavía qué será. El hermano ocupa entonces el lugar extraño de Prometeo, proporciona el fuego, pero el deudor es quien debe intentar convertirlo en algo que justifique haberlo recibido. Conozco esa gratitud y también su sombra.

La generosidad real, hace más difícil sentirse a la altura. Recibir es una forma secreta de derrama. No una deuda económica, exactamente, sino la sensación de que cada momento debería estar a la altura de aquello que se nos ha concedido. Y entonces aparece el miedo, ¿qué ocurre si lo que hago no vale lo que Frankenstein ha creído que valía yo?

Prometeo da; uno sostiene, el otro transforma. Pero hay días en que el uno mira sus manos y no encuentra nada. Solo el vacío, esa habitación interior donde ninguna obra termina de llenar la deuda. Entonces comprende que quizá la creación no consiste en devolver exactamente lo recibido. Nadie puede hacerlo. La obra nunca restituye el don, lo desplaza. Esa es la única forma de agradecimiento, aceptar que el fuego que me entregaron nunca podrá devolverse intacto. Solo puedo mantenerlo encendido. arthur/calber

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:: inmensamente feliz

Arturo Tudor (Bradgate, Leicestershire; 19/20 de septiembre de 1486) fue el hijo mayor de Enrique VII de Inglaterra y de su consorte Isabel de York. Fue príncipe de Gales y heredero de Enrique VII; murió con solo 15 años, en 1502, y el trono acabó en manos de su hermano menor, el futuro Enrique VIII. Precisamente por eso su figura tiene algo de personaje fantasma, el rey que nunca llegó a serlo.

Un verdadero y amante esposo. Cuando se casó con Catalina de Aragón en 1501, Arturo tenía 15 años y ella 16 según las fuentes. En una carta dirigida a los padres de Catalina, los Reyes Católicos, Arturo les aseguró que sería «a true and loving husband», un esposo verdadero y amante. También escribió a sus padres que se sentía inmensamente feliz al contemplar el rostro de su esposa.

La famosa duda. En la noche de boda hubo una ceremonia pública de acostar a los recién casados, como era habitual en la corte. Años después, cuando Enrique VIII quiso casarse con la viuda de Arturo, Catalina sostuvo que su matrimonio con Arturo no había sido consumado. De ahí surgió uno de los grandes problemas dinásticos del siglo XVI, si Catalina había sido realmente esposa de Arturo, su posterior matrimonio con Enrique podía considerarse contrario a las normas religiosas. La cuestión acabaría teniendo consecuencias enormes para Inglaterra y para la propia Iglesia.

Cinco meses más tarde Arturo estaba muerto. Cuando Enrique VII recibió la noticia de la muerte de su hijo, su confesor fue quien tuvo que despertarlo y comunicarle la noticia. Según el relato tradicional, le recordó las palabras del Libro de Job: «Si recibimos cosas buenas de las manos de Dios, ¿por qué no hemos de soportar las malas?» Arturo fue bautizado con ese nombre deliberadamente para evocar al rey Arturo legendario. Enrique VII quería que su primer hijo simbolizara la nueva dinastía Tudor y su conexión con el pasado mítico de Britania. 



:: alabanza de mi hermana

Mi hermana no escribe poemas
y es improbable que de pronto comience a escribir poemas.
Le viene de su madre, que no escribía poemas,
y de su padre, que tampoco escribía poemas.
Bajo el techo de mi hermana me siento a salvo:
nada impulsaría al marido de mi hermana a escribir poemas.
Y aunque suene como un poema de Adam Macedonski,
ninguno de mis parientes se ocupa de escribir poemas.
En el escritorio de mi hermana no hay poemas viejos
ni nuevos en su bolso.
Y cuando mi hermana me invita a cenar,
sé que no tiene intenciones de leerme poemas.
Hace magníficas sopas sin esfuerzo,
y el café no se derrama sobre sus manuscritos.
En muchas familias nadie escribe poemas,
pero cuando lo hacen, rara vez es sólo una persona.
Algunas veces la poesía fluye en cascadas de generaciones
que ocasionan temibles corrientes en las relaciones familiares.
Mi hermana cultiva una prosa hablada decente,
pero toda su producción literaria está en tarjetas postales veraniegas
que prometen la misma cosa cada año:
que cuando vuelva me contará todo,
todo,
todo.


Wislawa Szymborska (Kórnik, 1923-Cracovia, 2012)

Poesía no completa, Fondo de Cultura Económica de España, 2011

(Premio Nobel de Literatura en 1996), Traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia.


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El taller «Elementos de la poesía contemporánea» respondía a un formato muy característico de La Casa Encendida en su primera época, cursos monográficos de una semana. En aquella época dorada Mariano Peyrou asentó su metodología pedagógica en la institución. Un trabajo que comenzó precisamente en 2006 y que sirvió como embrión para su libro Tensión y sentido. El libro plantea que la poesía actual funciona bajo códigos diferentes a los de la comunicación pragmática cotidiana. En lugar de buscar un mensaje unívoco y cerrado, invita al lector a entregarse a la tensión y la fascinación que produce el extrañamiento.


En el poema «Alabanza de mi hermana» de Wisława Szymborska, Peyrou destaca la introducción de elementos abiertamente prosaicos dentro de la estructura lírica. Funciona originalmente como una ironía ligera sobre la normalidad, celebrar que alguien no escriba versos es una forma de descansar de la solemnidad del arte. Retrata con ironía y afecto la vida cotidiana y ordinaria de su hermana, destacando que ninguna persona en su familia se dedica a escribir poesía y celebrando la tranquilidad de su entorno doméstico. 


“Alabanza de mi propia hermana”  Gema Sánchez García 26 mayo 1976 - 15 septiembre 1976


::cuando traslado ese mismo mecanismo formal; la negación, la cotidianeidad, las postales, la rutina familiar, a una ausencia radical como la de mi hermana, que murió, sin escribir poesía, a los pocos meses de vida y de cuya muerte se cumplen hoy cincuenta años, la ironía muta. Ya no es un juego humorístico; se convierte en una tensión lírica punzante, “Algunas veces la poesía fluye en cascadas de generaciones”, una corriente subterránea que ha marcado a toda la familia. Hay algo paradójico en que aquello que falta pueda ocupar tanto espacio. Quizá por eso toda ausencia contiene una forma de elogio, el elogio de lo que ya no está, de aquello cuya desaparición no consigue borrar su lugar. La ausencia no es aquí un vacío, sino una presencia sostenida durante cincuenta años por la memoria de los otros. La ironía radica en tratar lo metafísico; la muerte, el más allá, la permanencia del recuerdo, con la naturalidad de quien espera “algo”, “que cuando vuelva me contará todo”. Y entonces lo mundano, la fotografía sostenida en mis brazos, restaurada por la IA, se convierte en una postal de verano, el único contenedor capaz de sujetar el peso de toda una genealogía marcada por esa interrupción. “Bajo el techo de mi hermana me siento a salvo”. Así, en esta ausencia retratada, en los versos no escritos y en esa imagen detenida hace medio siglo, no encuentro desolación, sino un refugio extrañamente seguro. calber/inclán