
:: no-boda

:: calas
:: el amor no desaparece, se desplaza, se recoge en las cosas que dejamos atrás sin saberlo, en las palabras que alguien escribe sin saber a quién están salvando. Se queda en las flores, en las manos que las cuidan, en la memoria que, aunque tarde, aprende a mirar. Las calas blancas siguen ahí, sosteniendo la fotografía como si fuera un latido. No hay tristeza en ellas, o no solo. Hay una forma de esperanza, la certeza de que lo que fue importante no se pierde, se transforma, cambia de lugar y de silencio. Y que, incluso ahora, incluso en esta ausencia que parece definitiva, ella sigue ordenando la luz, haciendo sitio, enseñándonos a recordarla. Las flores crecen hacia adentro, hacia ese territorio intacto donde el tiempo no pesa, y allí, en nosotros, siguen viviendo. Calber &ArthurI #Marce06Abril1918

:: cautivo y torrijas


:: un conejo dos bocas

:: locura

At the beginning of the Victorian detective novel, The Moonstone, Wilkie Collins quotes from Robinson Cruse, "now I saw, though too late, the folly of beginning a work before we count the cost".
Instructions for wasting one hour and a half, but in English!
1. Me pongo a hacer un caso PRÁCTICO: Inglés Maestros.
2. Ejercicio: FREE ANSWER QUESTIONS. DO NOT COPY FROM THE TEXT.
a) What does the quote "now I saw, though too late, the folly of beginning a work before we count the cost" mean, and why does the author include it at the beginning of the article?
3. Busco el significado de “folly” - 1. lack of good sense; foolishness. “an act of sheer folly” / 3. a theatrical revue with glamorous female performers. Folies Bergère (locuras de las pastoras)
4. De esta tercera acepción me encuentro con El Folies Bergère, el cabaré de París, donde estuvo mucho tiempo de primera vedette Norma Duval.
5. De ahí al cuadro: El bar del Folies Bergère, pintura de Édouard Manet (1881-1882). It is a modern version of Velazquez's Las Meninas (1656-7)
6. La obra principal del museo The Courtauld Gallery, display in the LVMH Great Room.
7. The Courtauld Gallery is home to one of the greatest collections of art in London (muy cerca de Angel station, todo me resulta superfamiliar)
Y ya ves que el caso práctico se me fue de la cabeza, no lo he terminado, ni lo termino y dices tú de desconexión… haahahahhahaha
*por cierto que la frase de Robinson (“Now I saw, though too late, the folly of beginning a work before we count the cost”) también la siento muy aplicable a mi forma de conducirme por los mares.
Ya ves me ha salido una entrada para lupaaa (y esto en 5 minutos, que ya tenía todas las ventanas abiertas y no me ha costado encadenarlo, una hora de entretenimiento)
…pero vamos que la vida es maravillosa!!!
:: unicornio bebe luz
:: las velas iban a convertirse en estrellas, un unicornio apareció en el borde del parque. Nadie se sorprendió demasiado. A veces la esperanza entra silenciosa, con pasos de animal imposible. Hay un poeta sentado bajo un árbol tocando la lira para ordenar el mundo. Bebe luz, mientras recita suavemente versos sobre aquellos que hacen esfuerzos continuados y triunfarán sin falta. Y aún más intensos, como que la tristeza puede germinar. Otras cosas caben en la imagen, un Buda afinando una guitarra, una muchacha con sus cuadernos llenos de dudas: ciencias, letras, arte, caminos que parecían puertas cerradas. No elijas solo con miedo, dijo el Buda tocando un acorde sencillo, elige con la parte de ti que todavía cree en los milagros pequeños. La chica miró hacia arriba, un globo aerostático sobrevolaba el cielo de la ciudad. Dentro viajaban recuerdos de ella, nadie la veía, pero su risa flotaba en el aire caliente. El unicornio bebió luz del estanque, por un instante todos comprendieron cosas: el unicornio bebe luz y el mundo cambia cuando una persona decide ser más generosa; el unicornio bebe luz y la vida cotidiana puede transubstanciarse en algo luminoso; el unicornio bebe luz y cada corazón inicia una pequeña revolución humana. La muchacha cerró sus cuadernos, no tenía todas las respuestas, pero sí una dirección. El globo seguía subiendo, el unicornio bebió luz y entero repitió en silencio el mantra más poderoso del mundo. Arthur Inclán & calber

:: 58 golondrinas

Aquel día, mientras la lluvia caía mansa sobre los campos, en Madrid las obras del aparcamiento de automóviles de la Plaza Mayor avanzaban con paso firme. Columnas y encofrados ascendían hacia su nivel definitivo, como si quisieran recordarnos que, sobre la Historia, late siempre el presente: arriba la piedra y la memoria; abajo, el estruendo de motores. Dos escenarios distintos unidos por la misma fecha y por el pulso incesante del tiempo.
“¡Dios mío, 58!”, podría exclamar hoy quien repasa el calendario y siente el vértigo dulce de las décadas cumplidas. Porque aquel 1 de marzo no fue un día cualquiera. En Gales se celebra San David, en el folclore popular español se celebra el Día del Ángel, jornada que tradicionalmente marcaba el final del invierno y el despertar de la primavera agrícola. Era costumbre decir que con marzo llegaban las primeras golondrinas, mensajeras del buen tiempo y símbolo de fidelidad al hogar al que siempre regresan.
Así, entre la lluvia suave y la promesa de la nueva estación, Mari y Guillermo comenzaron su andadura compartida. Más de medio siglo después, su historia resuena como esas campanas que aquel día anunciaron su unión: solemne, sentimental y luminosa. Como las golondrinas que vuelven cada año, su amor ha sabido regresar siempre al mismo nido, fortalecido por el paso del tiempo y celebrando, con alegría serena, el milagro cotidiano de cincuenta y ocho primaveras compartidas. Arthur Inclán
:: espejo
«La escena de Rubens parece suspendida fuera del ruido del mundo. Cupido sostiene un espejo y Venus se observa, no con vanidad, sino con una quietud que invita a pensar. Las flechas reposan en el suelo, como si la acción hubiera sido aplazada. Nada urge. Todo espera» El sastre de Apollinaire

::el chupete
La abuela sabe que las heridas más hondas no siempre sangran. Recuerda una mañana de invierno, mientras la casa olía a guisos y a ropa recién lavada, vio a su nieta con el chupete puesto, aferrada a él como si fuera un pequeño ancla rosado. Deja que vea tu preciosa carita —pensaba la abuela— y con la confianza que da la sangre y el amor sin medida, se inclinó, sonrió y, con suavidad, se lo quitó. —Vamos a guardarlo —dijo—. Tu boca está hecha para besos grandes.
[...] Descubrir que el territorio del cuidado nunca le perteneció.
Aquella noche, la abuela lloró en silencio. No por orgullo, sino por amor. Porque cuando a una solo le queda ser refugio, cuesta aceptar que debe quedarse en el patio, esperando a que la llamen. Recordó un viejo proverbio que decía que, si nada va bien, hay que llamar a la abuela. Y entendió que a veces las abuelas están para amar y arreglar cosas… incluso cuando no las dejan.
Pasaron los días. La herida no desapareció de inmediato, pero se transformó. La niña siguió creciendo. Un día dejó el chupete por sí sola. Otro día, se cayó en el parque y, sin pensarlo, corrió hacia su abuela. Entonces comprendió que los abuelos son, de algún modo, los ángeles discretos de los nietos: no imponen alas, solo las sostienen cuando tiemblan. Y que aunque a veces duela no poder disfrutar de ellos como una quisiera, el amor paciente siempre encuentra su lugar. Y le explica ahora a su nieta, que aquel día del chupete fue una siembra torpe pero sincera. Que las abuelas que crían, cuidan o simplemente esperan, dejan huellas que no siempre se ven en el momento, pero que el corazón guarda para siempre.
Porque el amor de una abuela no se mide por las veces que puede intervenir, sino por las veces que, aun doliendo, elige callar. Y callarse, al final, es la forma más profunda de amar. Los abuelos dejan huellas en el corazón de sus nietos.
Fuente: Cuentos ocultos de Europa del Este (Antonia Barber, Paul Hess, Shena Guild) Una antología que incluye cuentos de Rusia, Eslovenia, entre otros, versionados con un estilo elegante y fresco. Son cuentos tradicionales, poco conocidos, recopilados entre 1855 y 1928, que destacan por sus valores.

::error

:: kuki

Marisa Canora Rodríguez, desde muy joven supo reconocer el brillo auténtico. Estudió Gemología y aprendió a ver diamantes donde otros solo veían piedra. Después se marchó a Londres a perfeccionarse, porque el mundo era demasiado grande como para mirarlo desde una sola ventana. Y viajó, sin mapa y sin miedo. Dubái, México, islas, aeropuertos, carreteras infinitas, sierras y caminos cruzados. Parecía conocer a todo el planeta, o quizá era el planeta el que la reconocía a ella.
Mamáchicho Canora Rodríguez fue el espíritu de los 90 hecho carne. Descaro, erotismo festivo y una alegría tan contagiosa que convertía cada plató en una celebración. Aquella televisión grabada en neón encontró en ella una de sus luces más genuinas: plumas al viento, bikini audaz y sonrisa peligrosa. No solo bailaba: hipnotizaba. Años después, en First Dates, confesó con esa ironía suya lo que de verdad le apetecía: “Que me abdujeran un día, me metieran en una nave, me hicieran lo que fuese y luego bajar”. Y, de algún modo, lo consiguió. Terminó viviendo una vida extraterrestre: distinta, luminosa, fuera de lo común.
Tarot Canora Rodríguez fue clarividente y médium durante más de treinta años. En gabinetes y call centers ofrecía su versión más luminosa. Fue influencer antes de que la palabra existiera. En su canal demostró que el tarot podía ser luz, humor y verdad a la vez. Chispeante y rigurosa, con un don sensitivo natural, leía vibraciones, abría caminos y conversaba con ese otro yo que todos guardamos en silencio. Amor, ansiedad, dudas, futuro, cuerpo, cabeza… La respuesta parecía estar siempre en su próxima tirada.
Poesía Canora Rodríguez, escribía desde la grieta, con un pulso trágico y luminoso a la vez. “Porque yo y no tú… porque yo y no ellos”, repetía, interrogando al destino como quien desafía al cielo. Hablaba de “alegrías grises” y “esperanzas perdidas”, del lamento como consuelo y del tiempo lento y cruel; pero, incluso ahí, buscaba palpar el alma. Para ella la poesía no se rendía al dolor, sino que lo atravesaba hasta encontrar su luz.
Amor Canora Rodríguez, intensamente y sin moderación. De Irlanda, de Rusia, de Kuwait, de Pablo, de Peter… amores con acento hipnótico y alma nómada. El último fue un amor sanador, adulto, verdadero. Y aquí su vida se vuelve susurro. De todo ese amor vivido sin medida, de forma casi misteriosa, surgieron dos ángeles: Mara y Grace. No se explican; se sienten. Eternos, luminosos, presentes más allá del tiempo.
Madre Canora Rodríguez, hija, hermanas, gatas y perros, muchos, demasiados para contarlos sin sonreír. Mujeres y animales recogidos, adoptados, heredados, encontrados o, como ella decía, “enviados por el universo”. También fue nieta ilustre del pintor valenciano, de principios del siglo XX, Manuel Rodríguez Beltrán. Fue hija: “Madre, cómo te extraño, necesito sentirte a mi lado”. Y ahora que no puede oírla, la siente más que nunca.
Kuki Canora Rodríguez, la Kuki, nos encontró en Londres, donde fuimos felices, donde todo ocurrió. Se despidió de este plano en una Segovia en nieves, bajo la presencia silenciosa de la mujer tumbada, de la Sierra de Guadarrama cuya línea dibuja el perfil de una mujer que, al intentar detener una lucha, quedó convertida en montaña. No deja de ser una imagen poderosa para quien también vivió sin miedo el combate contra la enfermedad. Tenía 57 años, aunque la edad nunca supo describirla. Lo suyo no fue un final, sino un cambio de escenario para alguien que jamás dejó de explorar.
Hoy no se la llora. Se la imagina riendo, guiñándonos un ojo y diciendo: “Tranquila, Kuki… todo está fluyendo”. Porque hay personas que no se van: se transforman en energía, se quedan habitando lo invisible. Bruja como era, escribió un 16 de enero, hace siete años: “En globo o a lomo del caballo, a lomo del abismo, galopando me desplazo vertiginosamente hacia un rumbo sin nombre”.
Gracias kuki, continúa volando en lo invisible, guiándonos desde tu luz.

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:: ceres - creta

imagen::calber - Homenaje a mi prima y las primas fans
la sangre hierve, líquido de fuego
salta a mis labios donde finge luego
la alegría de todas las verbenas.
Tengo deseos de reír; las penas,
que de donar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.
El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mía
cuando escancio en su trova de hechicera.
Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera.
Alfonsina Storni

:: pitágoras y luminón

:: Juan Nepomuceno Carlos
El tiempo, lo entendí tarde, no avanza: se acumula. Se sienta junto a uno y pesa. Da vueltas como un viento caliente que no refresca. La vida parece entonces una pregunta sin respuesta, un terreno árido donde nada promete crecer. Y sin embargo, en otro tiempo hay otro Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno de 17 años. Vive hacia adentro. Es silencioso y desconfiado de las palabras fáciles. Camina con la mirada baja, como si cuidara algo frágil dentro del pecho, critica lo que no le convence y crea en secreto, como si temiera que el mundo le robara lo que imagina. Hay en él una pequeña claridad, una terquedad suave que le dice que algo vale la pena, aunque no sepa bien qué.
Tal vez por eso no todo es muerte. Porque mientras alguien joven escuche el silencio y se atreva a mirarlo de frente, el tiempo no gana del todo. Yo dejé palabras no dichas. Él dejará palabras reveladas. Y entre esas dos sombras, breves pero persistentes, la vida sigue encontrando cómo decirse. Calber / Arthur Inclán

Y es que allá
el tiempo es muy largo.
Nadie lleva las cuentas de las horas
ni a nadie le preocupa
cómo van amontonándose los años.
Los días comienzan y se acaban.
Luego viene la noche.
Solamente el día y la noche
hasta el día de la muerte,
que para ellos
es una esperanza.
Fragmento de la novela Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo