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::el verano es carnaval, celebremos lo que sea, incluso un eclipse, que para eso somos “true observers” mientras la humanidad se vuelve oficialmente loca. Yo, por mi parte, estoy genial; ya he dejado de estudiar y, curiosamente, de muy buen humor, el verano así me mola, quizá porque a estas alturas cualquier forma de cordura parece sospechosa. Nuevas-creencias de verano, el busto del Niño Santo ofrece milagros de lo posible limitado; le adoro. No pensé que era tan inocente, qué originales las fotos nosotros en el triciclo amarillo. Dios mío, qué barbaridad, loco y divertido, la memoria tiene su estación. En fin, el verano es magia y nadie debería pedirle demasiadas explicaciones, el duende lo sabe, vive a la sombra de un melón mientras abraza una sandía, porque hay decisiones que solo se producen al calor del verano. calber/Athur Inclán
:: qué sucede cuando dejamos de exigirnos ser exactamente quienes éramos ayer. Después de meses de esfuerzo, de objetivos y esa sensación de estar siempre preparando lo siguiente, aparece por fin la recompensa, quizá unas vacaciones. El cuerpo pide descanso, pero la cabeza pide algo más. Pide dejar de funcionar durante unos días con la lógica de la productividad. Mirar alrededor. Cambiar de escenario. Recuperar cierta curiosidad. ¿Qué estamos dispuestos a conocer ahora? ¿Qué versión de nosotros mismos queremos mostrar? Es, salvando las distancias, una restauración. Tomar lo que se e, encuentra, limpia algunas capas acumuladas. No para convertirse en otra persona, sino para conseguir que lo que ya estaba ahí pueda volver a resultar brillante.
Estos Reyes han pasado de ser figuras oscuras y algo derruidas a convertirse en una pareja inesperadamente contemporánea. Restaurarlas ha consistido, en aceptar su pasado. Pulir no significa negar las marcas del tiempo. Y blanquear, en este caso, tampoco pretende hacerlas nuevas, se trata más bien de devolverles la posibilidad de ser vistas de otra manera. Hay objetos que uno restaura porque se resiste a aceptar que su historia haya terminado. Y quizá algo parecido nos ocurre a las personas, después de una época dura, llega un momento en que uno tiene necesidad de pulirse un poco y comprobar qué aspecto tiene cuando deja de vivir en modo resistencia.
No deja de ser curioso pensar que Isabel y Fernando fueron, antes que nada, una formidable alianza política. Su matrimonio no significó la fusión de sus reinos, cada uno conservó su autoridad, sus intereses y sus espacios de poder. Los Reyes Católicos, juntos en la memoria, con una única voluntad. Fueron, sobre todo, compañeros de proyecto. Y quizá esa sea una de las formas más interesantes de entender el amor, no necesariamente caminar siempre de la mano, sino ser capaces de construir algo juntos sin dejar de conservar una identidad propia.
Eso es reinventarse, no renunciar a lo que hemos sido, sino permitir que nuestra historia tenga una segunda lectura. Terminamos una etapa, cerramos un curso, sobrevivimos a nuestros propios esfuerzos, organizamos los papeles, los archivos en el ordenador y pensamos que quizá nos hemos ganado algo parecido a unas vacaciones. Y entonces, no puedo quedarme quieto, aparece la necesidad de mover alguna pieza, restaurar un objeto, cambiar muebles, probar colores, caminar bajo un sol justiciero, conocer o simplemente descubrir. Quizá ahora sea el momento perfecto para restaurarnos un poco, sin tirar nada, sin borrar la historia, solo limpiando, puliendo y, si hace falta, atreviéndonos a cambiar el color. Arthur Inclán / calber

Reyes Católicos · Vintage Customizado. Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón forman esta singular pareja de sujetalibros españoles fechados entre 1965 y 1970. Tallados a mano en madera de pino y posteriormente patinados y encerados, representan a los monarcas sentados en sus tronos, con coronas y atributos regios, como el cetro de la reina, en un lenguaje deliberadamente arcaizante inspirado en la escultura románica. El modelo aparece asociado en numerosas referencias de coleccionismo a promociones y regalos para socios del Círculo de Lectores, aunque se desconoce el fabricante o taller original.
Encontrados hace tiempo en un anticuario y rescatados del olvido, estas pequeñas esculturas pedían una segunda vida. Su acabado oscuro original les confería un aire demasiado solemne, así que aquí comienza la transformación: color, imaginación y un punto de irreverencia. Pintados en un reluciente tono blanco, los Reyes Católicos abandonan su aspecto más severo para convertirse en unas piezas inesperadas, divertidas y absolutamente decorativas. El resultado, vintage customizado. Una reinterpretación que demuestra que una pieza con más de medio siglo de historia puede funcionar igual de bien junto a un mueble minimalista y contemporáneo que en un interior de inspiración retro. Porque a veces basta con cambiar el color para que la historia vuelva a entrar en escena.


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Madre
Te digo al llegar, madre,
que tú eres como el mar;
que aunque las olas
de tus años se cambien y te muden,
siempre es igual tu sitio
al paso de mi alma.
No es preciso medida
ni cálculo para el conocimiento
de ese cielo de tu alma;
el color, hora eterna,
la luz de tu poniente,
te señalan ¡oh madre! entre las olas,
conocida y eterna en su mudanza.
Juan Ramón Jiménez


:: el amor no desaparece, se desplaza, se recoge en las cosas que dejamos atrás sin saberlo, en las palabras que alguien escribe sin saber a quién están salvando. Se queda en las flores, en las manos que las cuidan, en la memoria que, aunque tarde, aprende a mirar. Las calas blancas siguen ahí, sosteniendo la fotografía como si fuera un latido. No hay tristeza en ellas, o no solo. Hay una forma de esperanza, la certeza de que lo que fue importante no se pierde, se transforma, cambia de lugar y de silencio. Y que, incluso ahora, incluso en esta ausencia que parece definitiva, ella sigue ordenando la luz, haciendo sitio, enseñándonos a recordarla. Las flores crecen hacia adentro, hacia ese territorio intacto donde el tiempo no pesa, y allí, en nosotros, siguen viviendo. Calber &ArthurI #Marce06Abril1918





At the beginning of the Victorian detective novel, The Moonstone, Wilkie Collins quotes from Robinson Cruse, "now I saw, though too late, the folly of beginning a work before we count the cost".
Instructions for wasting one hour and a half, but in English!
1. Me pongo a hacer un caso PRÁCTICO: Inglés Maestros.
2. Ejercicio: FREE ANSWER QUESTIONS. DO NOT COPY FROM THE TEXT.
a) What does the quote "now I saw, though too late, the folly of beginning a work before we count the cost" mean, and why does the author include it at the beginning of the article?
3. Busco el significado de “folly” - 1. lack of good sense; foolishness. “an act of sheer folly” / 3. a theatrical revue with glamorous female performers. Folies Bergère (locuras de las pastoras)
4. De esta tercera acepción me encuentro con El Folies Bergère, el cabaré de París, donde estuvo mucho tiempo de primera vedette Norma Duval.
5. De ahí al cuadro: El bar del Folies Bergère, pintura de Édouard Manet (1881-1882). It is a modern version of Velazquez's Las Meninas (1656-7)
6. La obra principal del museo The Courtauld Gallery, display in the LVMH Great Room.
7. The Courtauld Gallery is home to one of the greatest collections of art in London (muy cerca de Angel station, todo me resulta superfamiliar)
Y ya ves que el caso práctico se me fue de la cabeza, no lo he terminado, ni lo termino y dices tú de desconexión… haahahahhahaha
*por cierto que la frase de Robinson (“Now I saw, though too late, the folly of beginning a work before we count the cost”) también la siento muy aplicable a mi forma de conducirme por los mares.
Ya ves me ha salido una entrada para lupaaa (y esto en 5 minutos, que ya tenía todas las ventanas abiertas y no me ha costado encadenarlo, una hora de entretenimiento)
…pero vamos que la vida es maravillosa!!!
:: las velas iban a convertirse en estrellas, un unicornio apareció en el borde del parque. Nadie se sorprendió demasiado. A veces la esperanza entra silenciosa, con pasos de animal imposible. Hay un poeta sentado bajo un árbol tocando la lira para ordenar el mundo. Bebe luz, mientras recita suavemente versos sobre aquellos que hacen esfuerzos continuados y triunfarán sin falta. Y aún más intensos, como que la tristeza puede germinar. Otras cosas caben en la imagen, un Buda afinando una guitarra, una muchacha con sus cuadernos llenos de dudas: ciencias, letras, arte, caminos que parecían puertas cerradas. No elijas solo con miedo, dijo el Buda tocando un acorde sencillo, elige con la parte de ti que todavía cree en los milagros pequeños. La chica miró hacia arriba, un globo aerostático sobrevolaba el cielo de la ciudad. Dentro viajaban recuerdos de ella, nadie la veía, pero su risa flotaba en el aire caliente. El unicornio bebió luz del estanque, por un instante todos comprendieron cosas: el unicornio bebe luz y el mundo cambia cuando una persona decide ser más generosa; el unicornio bebe luz y la vida cotidiana puede transubstanciarse en algo luminoso; el unicornio bebe luz y cada corazón inicia una pequeña revolución humana. La muchacha cerró sus cuadernos, no tenía todas las respuestas, pero sí una dirección. El globo seguía subiendo, el unicornio bebió luz y entero repitió en silencio el mantra más poderoso del mundo. Arthur Inclán & calber


Aquel día, mientras la lluvia caía mansa sobre los campos, en Madrid las obras del aparcamiento de automóviles de la Plaza Mayor avanzaban con paso firme. Columnas y encofrados ascendían hacia su nivel definitivo, como si quisieran recordarnos que, sobre la Historia, late siempre el presente: arriba la piedra y la memoria; abajo, el estruendo de motores. Dos escenarios distintos unidos por la misma fecha y por el pulso incesante del tiempo.
“¡Dios mío, 58!”, podría exclamar hoy quien repasa el calendario y siente el vértigo dulce de las décadas cumplidas. Porque aquel 1 de marzo no fue un día cualquiera. En Gales se celebra San David, en el folclore popular español se celebra el Día del Ángel, jornada que tradicionalmente marcaba el final del invierno y el despertar de la primavera agrícola. Era costumbre decir que con marzo llegaban las primeras golondrinas, mensajeras del buen tiempo y símbolo de fidelidad al hogar al que siempre regresan.
Así, entre la lluvia suave y la promesa de la nueva estación, Mari y Guillermo comenzaron su andadura compartida. Más de medio siglo después, su historia resuena como esas campanas que aquel día anunciaron su unión: solemne, sentimental y luminosa. Como las golondrinas que vuelven cada año, su amor ha sabido regresar siempre al mismo nido, fortalecido por el paso del tiempo y celebrando, con alegría serena, el milagro cotidiano de cincuenta y ocho primaveras compartidas. Arthur Inclán
«La escena de Rubens parece suspendida fuera del ruido del mundo. Cupido sostiene un espejo y Venus se observa, no con vanidad, sino con una quietud que invita a pensar. Las flechas reposan en el suelo, como si la acción hubiera sido aplazada. Nada urge. Todo espera» El sastre de Apollinaire

La abuela sabe que las heridas más hondas no siempre sangran. Recuerda una mañana de invierno, mientras la casa olía a guisos y a ropa recién lavada, vio a su nieta con el chupete puesto, aferrada a él como si fuera un pequeño ancla rosado. Deja que vea tu preciosa carita —pensaba la abuela— y con la confianza que da la sangre y el amor sin medida, se inclinó, sonrió y, con suavidad, se lo quitó. —Vamos a guardarlo —dijo—. Tu boca está hecha para besos grandes.
[...] Descubrir que el territorio del cuidado nunca le perteneció.
Aquella noche, la abuela lloró en silencio. No por orgullo, sino por amor. Porque cuando a una solo le queda ser refugio, cuesta aceptar que debe quedarse en el patio, esperando a que la llamen. Recordó un viejo proverbio que decía que, si nada va bien, hay que llamar a la abuela. Y entendió que a veces las abuelas están para amar y arreglar cosas… incluso cuando no las dejan.
Pasaron los días. La herida no desapareció de inmediato, pero se transformó. La niña siguió creciendo. Un día dejó el chupete por sí sola. Otro día, se cayó en el parque y, sin pensarlo, corrió hacia su abuela. Entonces comprendió que los abuelos son, de algún modo, los ángeles discretos de los nietos: no imponen alas, solo las sostienen cuando tiemblan. Y que aunque a veces duela no poder disfrutar de ellos como una quisiera, el amor paciente siempre encuentra su lugar. Y le explica ahora a su nieta, que aquel día del chupete fue una siembra torpe pero sincera. Que las abuelas que crían, cuidan o simplemente esperan, dejan huellas que no siempre se ven en el momento, pero que el corazón guarda para siempre.
Porque el amor de una abuela no se mide por las veces que puede intervenir, sino por las veces que, aun doliendo, elige callar. Y callarse, al final, es la forma más profunda de amar. Los abuelos dejan huellas en el corazón de sus nietos.
Fuente: Cuentos ocultos de Europa del Este (Antonia Barber, Paul Hess, Shena Guild) Una antología que incluye cuentos de Rusia, Eslovenia, entre otros, versionados con un estilo elegante y fresco. Son cuentos tradicionales, poco conocidos, recopilados entre 1855 y 1928, que destacan por sus valores.
