



“La enana del este es como su madre, piensa que el extraño camarógrafo trae la obstinación de la ciudad” Otilia Valeria Coman

«La poesía es el espacio que hay entre dos realidades». Anne Carson

Anne Carson escribe como quien desplaza un objeto apenas unos centímetros y descubre que el mundo entero ha cambiado de sitio. No busca que comprendamos mejor la realidad, sino que dejemos de reconocerla durante un instante. En sus libros, el pensamiento se equivoca, el dolor adopta formas inesperadas y la belleza aparece donde parecía no quedar nada. Lo antiguo conversa con lo contemporáneo sin necesidad de reconciliarse. La poesía no explica la vida, la pone en una posición incómoda, la desarma y la devuelve a nuestras manos. Quizá por eso leerla se parece menos a encontrar una respuesta que a descubrir una pregunta que todavía no sabíamos formular. Valerie Miles, “Cambiar la historia con una sola frase”, El País.

Oda al sueño*
Piensa en tu vida sin el dormir.
Sin la losa del tiempo proscrito puntuando cada almohada, sin almohadas.
Sin la enorme cocina negra y la estufa hirviente donde arrancas trozos
de piernas y brazos de tu padre
sólo para verlos organizados en una frase
la cual -sollozas con súbita alegría- te salvará
¡si puedes recordarla
después! Después,
poco queda salvo la épsilon verde pálida embalsamada entre
mar y posa
pero ¿qué es eso con lo que retoca tus ojos?
En este momento se detiene el escalofrío.
Un escalofrío es un sirviente perfecto.
El amén de ella alivia.
“De hecho”, confiesa en una nota a pie de página, “fue
un error de impresión por mamut”
Me duele saberlo.
Orificio de salida, dicen.




«La mujer líquida espera en la arena de un reloj, no sabe lo que le depara el futuro. Su boca rubia succiona el vaso y separa con la lengua los hielos del limón. Un iceberg se apodera del momento, el sol es una perla que derrite el alcohol de su cerebro. Mientras bebe divide el mundo en dos, el horizonte separa la ginebra de la tónica, pero los azules perciben una lanzada de luz que atraviesa su hígado en vertical. La sangre cae sobre la playa amarilla, las olas se arrastran y se llevan los restos del naufragio. La herida es profunda pero lleva mucho tiempo cicatrizando. El deseo no queda saciado con un solo trago de presente. La mujer te mira fijamente y mata la sed para recordar que está viva, quiere aspirar el mar, quemar los barcos, pescar marineros. Con ansia se sumerge en el vaso como si fuera el lago azul, la bañera de un hospital, el charco de la infancia. Introduce la lengua, chupa suavemente el jugo de la fruta, absorbe el veneno. Durante el sorbo el tiempo de espera se congela, el impacto se limita al placer inicial, la mujer se transforma en sirena de la imaginación». Carlos Sánchez Alberto
imagen::quinoromero


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