::error

imagen::calber

::amanece como una ventana cerrada. En la pantalla del día parpadea un mensaje definitivo, “no se puede acceder a este sitio web”. Lo leo en el vapor del café, en las vitrinas de cartón. Hay algo ligeramente administrativo en la tristeza, en el intento de actualizar la página inútil. El parque está lleno de parejas que caminan con naturalidad bajo la luz, animales altamente salvajes en el patio. Pienso en el amor como en un dominio de militares de varios países. No se puede acceder, repite una voz de notificación, de moderna metáfora. Los sistemas que parecen absolutos tiemblan antes de reiniciarse. El amor, a veces entra como una actualización silenciosa que ocurre mientras duermes. Te despiertas y la interfaz ha cambiado. Quizá el error sea una pausa, problemas técnicos de mantenimiento, una pantalla en blanco donde el futuro respira. Y entonces, el mensaje cambia. La ventana se abre, siempre estuvo destinada a abrirse. El amor vuelve a cargar, se revela cuando menos lo esperamos, en los detalles. Arthur Inclán & calber

:: kuki

imagen::calber

María Luisa Canora Rodríguez (Madrid, 1968 – Segovia, 2026). Una mujer que no pasó por la vida, la atravesó. —Esperar —decía—. ¿Esperar a qué? esperar no tiene sentido. Amó la vida sin pedir permiso y la exprimió con una mezcla irresistible de descaro, ternura y magia. Fue alegre incluso en los días torcidos, optimista cuando el destino hacía trampas, divertida por instinto y aventurera por necesidad vital. No sabía vivir en línea recta; lo suyo era el vértigo, la intensidad, el ahora.

Marisa Canora Rodríguez, desde muy joven supo reconocer el brillo auténtico. Estudió Gemología y aprendió a ver diamantes donde otros solo veían piedra. Después se marchó a Londres a perfeccionarse, porque el mundo era demasiado grande como para mirarlo desde una sola ventana. Y viajó, sin mapa y sin miedo. Dubái, México, islas, aeropuertos, carreteras infinitas, sierras y caminos cruzados. Parecía conocer a todo el planeta, o quizá era el planeta el que la reconocía a ella.

Mamáchicho Canora Rodríguez fue el espíritu de los 90 hecho carne. Descaro, erotismo festivo y una alegría tan contagiosa que convertía cada plató en una celebración. Aquella televisión grabada en neón encontró en ella una de sus luces más genuinas: plumas al viento, bikini audaz y sonrisa peligrosa. No solo bailaba: hipnotizaba. Años después, en First Dates, confesó con esa ironía suya lo que de verdad le apetecía: “Que me abdujeran un día, me metieran en una nave, me hicieran lo que fuese y luego bajar”. Y, de algún modo, lo consiguió. Terminó viviendo una vida extraterrestre: distinta, luminosa, fuera de lo común.

Tarot Canora Rodríguez fue clarividente y médium durante más de treinta años. En gabinetes y call centers ofrecía su versión más luminosa. Fue influencer antes de que la palabra existiera. En su canal demostró que el tarot podía ser luz, humor y verdad a la vez. Chispeante y rigurosa, con un don sensitivo natural, leía vibraciones, abría caminos y conversaba con ese otro yo que todos guardamos en silencio. Amor, ansiedad, dudas, futuro, cuerpo, cabeza… La respuesta parecía estar siempre en su próxima tirada.

Poesía Canora Rodríguez, escribía desde la grieta, con un pulso trágico y luminoso a la vez. “Porque yo y no tú… porque yo y no ellos”, repetía, interrogando al destino como quien desafía al cielo. Hablaba de “alegrías grises” y “esperanzas perdidas”, del lamento como consuelo y del tiempo lento y cruel; pero, incluso ahí, buscaba palpar el alma. Para ella la poesía no se rendía al dolor, sino que lo atravesaba hasta encontrar su luz.

Amor Canora Rodríguez, intensamente y sin moderación. De Irlanda, de Rusia, de Kuwait, de Pablo, de Peter… amores con acento hipnótico y alma nómada. El último fue un amor sanador, adulto, verdadero. Y aquí su vida se vuelve susurro. De todo ese amor vivido sin medida, de forma casi misteriosa, surgieron dos ángeles: Mara y Grace. No se explican; se sienten. Eternos, luminosos, presentes más allá del tiempo.

Madre Canora Rodríguez, hija, hermanas, gatas y perros, muchos, demasiados para contarlos sin sonreír. Mujeres y animales recogidos, adoptados, heredados, encontrados o, como ella decía, “enviados por el universo”. También fue nieta ilustre del pintor valenciano, de principios del siglo XX, Manuel Rodríguez Beltrán. Fue hija: “Madre, cómo te extraño, necesito sentirte a mi lado”. Y ahora que no puede oírla, la siente más que nunca. 

Kuki Canora Rodríguez, la Kuki, nos encontró en Londres, donde fuimos felices, donde todo ocurrió. Se despidió de este plano en una Segovia en nieves, bajo la presencia silenciosa de la mujer tumbada, de la Sierra de Guadarrama cuya línea dibuja el perfil de una mujer que, al intentar detener una lucha, quedó convertida en montaña. No deja de ser una imagen poderosa para quien también vivió sin miedo el combate contra la enfermedad. Tenía 57 años, aunque la edad nunca supo describirla. Lo suyo no fue un final, sino un cambio de escenario para alguien que jamás dejó de explorar.

Hoy no se la llora. Se la imagina riendo, guiñándonos un ojo y diciendo: “Tranquila, Kuki… todo está fluyendo”. Porque hay personas que no se van: se transforman en energía, se quedan habitando lo invisible. Bruja como era, escribió un 16 de enero, hace siete años: “En globo o a lomo del caballo, a lomo del abismo, galopando me desplazo vertiginosamente hacia un rumbo sin nombre”.

Gracias kuki, continúa volando en lo invisible, guiándonos desde tu luz.

imagen::beatriz prieto matas

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:: ceres - creta

::La niña sabe que moverse también es una forma de crecer. En aquella isla creyó reconocer algo antiguo, una memoria. Caminó entre flores como quien sigue señales y pensó en las diosas de la Tierra, en todo lo que crece despacio, en lo que se pierde para poder regresar. Comprendió que quedarse también es una forma de amor, aunque el cuerpo pida orden y la cabeza repita que está en esa edad en que todo es por si acaso. Y aun así, algo empuja, de pronto no hay tiempo que perder. Quiere poner orden en su vida, aprender que la libertad, en el mundo moderno es el interior, ese lugar desde el que se puede volver. Tal vez viajar no sea siempre irse lejos, sino saber desde dónde partir. La confusión no es el enemigo, es el mapa. Y ella, que sigue siendo niña por dentro, aprende a leerlo como antes leía los cuentos y ahora lee los prospectos. Entonces ocurre algo curativo, la niña interior deja de tirar de la manga y se sienta a su lado. No pide huir ni quedarse, solo respirar. Afuera florece la tierra; adentro, el caos se aquieta. Ella eleva el corazón y entiende que crecer es avanzar llevando consigo a todas esas niñas, juntas, listas para el próximo viaje. Arthur Inclán & calber

imagen::calber - Homenaje a mi prima y las primas fans

Vida

Mis nervios están locos, en las venas
la sangre hierve, líquido de fuego
salta a mis labios donde finge luego
la alegría de todas las verbenas.
Tengo deseos de reír; las penas,
que de donar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.
El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mía
cuando escancio en su trova de hechicera.
Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera.

Alfonsina Storni


imagen:: Martin de Vos. La Tierra. Siglo XVI. Óleo sobre lienzo. Museo del Prado

:: pitágoras y luminón

imagen:: calber - (fragmento) La escuela de Atenas. Rafael Sanzio. 1509–1511. Fresco, Renacimiento italiano. Stanza della Segnatura, Museos Vaticanos, Ciudad del Vaticano. 


::allí donde los iniciados exploran no solo los números sino las señales, Pitágoras observó largamente a uno de sus discípulos amigos: Luminón. El maestro, célebre por haber formulado el teorema que unía para siempre geometría y cadencia, veía en él un reflejo vivo de sus propias paradojas: carisma y misterio, poder y duda.
—Tú has venido a iniciar caminos —le dijo Pitágoras—. Tu energía se adelanta a los demás, empuja, siembra ideas como quien abre senderos nuevos. Los otros te siguen sin que impongas, porque tu ejemplo convence. Pero cuida —añadió con voz grave—: cuando olvidas tu propio centro, puedes hacer que los demás dependan de ti… o depender tú de su mirada.
Luminón escuchaba en silencio. Por fuera, era curioso, poco amigo de rutinas, capaz de liderar proyectos y personas con entusiasmo casi infantil. Por dentro, sin embargo, vivía retirado en una cueva mental: su alma buscaba comprenderlo todo, desentrañar la verdad, observar antes de actuar. Esa mente brillante, analítica y espiritual lo hacía justo y leal, pero también podía encerrarlo en sombras mentales, culpas heredadas y un miedo persistente a no ser comprendido.
Pitágoras sonrió, como quien ve una figura geométrica incompleta.
—Tu poder es real —continuó—. La abundancia puede fluir a través de ti si te disciplinas y confías. Estás llamado a aceptar ayuda para ayudar a otros. Pero hay en ti un niño: cuando juega, crea y contagia alegría; cuando se hiere, se dispersa o se esconde. Escúchalo sin dejar que gobierne.
El maestro sabía que Luminón traía dones de nacimiento: la palabra que reúne, la capacidad de crear familia más allá de la sangre, el impulso de proteger y servir a la comunidad. En tiempos de crisis, era firme; en la vida cotidiana, amoroso y entregado. Sin embargo, su misión era aún mayor: elevar la conciencia colectiva, enseñar, construir vínculos duraderos y manifestar con cuidado aquello que nombraba, pues su voz tenía fuerza creadora.
—No has venido a brillar solo —concluyó Pitágoras—, sino a unir. No al aislamiento, sino a la comunidad. Comparte lo que sabes, medita para aquietar la mente, pon límites a tu dar y camina acompañado. Así tu destino encontrará proporción, como todo lo verdadero.
Esa noche, mientras las estrellas trazaban teoremas y reencantamientos, Luminón comprendió que su vida, como los números, pedía equilibrio: entre liderazgo y humildad, entre soledad y encuentro, entre pensar y vivir. Arthur Inclan / calber / TGG-JC

:: Juan Nepomuceno Carlos

::me llamo Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, aunque en los pueblos los nombres pesan menos que los recuerdos. Crecí oyendo balazos lejanos y viendo morir a los míos antes de aprender a nombrar las cosas. Caminé muchos años sin rumbo fijo. Fui burócrata, agente de migración, viajero de caminos secos. Miré a la gente pasar de un lado a otro como ánimas sin destino. Tomé fotografías para no olvidar los rostros, escribí poco porque el silencio decía más. Comala no fue un lugar: fue una suma de voces que se negaban a desaparecer. Pero el 7 de enero de 1986 desaparecí de veras. Me quedé flotando en las palabras no dichas, en los pueblos donde el tiempo se dobló sobre sí mismo. La muerte fue apenas una puerta.

El tiempo, lo entendí tarde, no avanza: se acumula. Se sienta junto a uno y pesa. Da vueltas como un viento caliente que no refresca. La vida parece entonces una pregunta sin respuesta, un terreno árido donde nada promete crecer. Y sin embargo, en otro tiempo hay otro Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno de 17 años. Vive hacia adentro. Es silencioso y desconfiado de las palabras fáciles. Camina con la mirada baja, como si cuidara algo frágil dentro del pecho, critica lo que no le convence y crea en secreto, como si temiera que el mundo le robara lo que imagina. Hay en él una pequeña claridad, una terquedad suave que le dice que algo vale la pena, aunque no sepa bien qué.

Tal vez por eso no todo es muerte. Porque mientras alguien joven escuche el silencio y se atreva a mirarlo de frente, el tiempo no gana del todo. Yo dejé palabras no dichas. Él dejará palabras reveladas. Y entre esas dos sombras, breves pero persistentes, la vida sigue encontrando cómo decirse. Calber / Arthur Inclán 

imagen::calber | collage - intervención autorretrato de Juan Rulfo1940. 
Foto: Del libro El fotógrafo Juan Rulfo - Editorial RM, 2017.


Y es que allá

el tiempo es muy largo.

Nadie lleva las cuentas de las horas

ni a nadie le preocupa

cómo van amontonándose los años.

Los días comienzan y se acaban.

Luego viene la noche.

Solamente el día y la noche

hasta el día de la muerte,

que para ellos

es una esperanza.


Fragmento de la novela Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo

:: regalo reyes

imagen::calber | poema enviado por María, prima* de la propia Gloria.

El regalo que yo quiero

Yo no deseo un regalo
que se compre con dinero.
He de pedir a los Reyes
algo que aquí no tengo:
pido dones de alegría
y la canción de un jilguero,
y la flor de la esperanza
y una fe que venza el miedo.
Pido un corazón muy grande
para amar al mundo entero
Yo pido a los Reyes Magos
las cosas que hay en el cielo:
un vestido de ternura,
una cascada de besos,
la hermosura de los ángeles,
sus villancicos y versos,
y una sonrisa del Niño.
El regalo que yo quiero.

«El regalo que yo quiero» de Gloria Fuertes pertenece a su obra de poesía infantil y se publicó originalmente en el libro Poemas de Navidad, 1962. Aunque su prima ha elegido este poema por ser el día de Reyes y el cumpleaños de Mike. Ella recuerda con especial cariño un libro que marcó su adolescencia y que aún conserva: Plumilindo (el cisne que quería ser pato), de Gloria Fuertes, con ilustraciones de Jesús Gabán, publicado por la Editorial Escuela Española. En este cuento se presenta, de forma sencilla y poética, la historia de un cisne que no acepta su identidad y desea ser pato. A través de animales humanizados, Gloria Fuertes transmite un mensaje claro sobre la autoaceptación y el valor de ser uno mismo, utilizando un lenguaje accesible y cercano al lector infantil. Las ilustraciones de Jesús Gabán tienen un papel fundamental en el libro. Son coloridas, expresivas y ayudan a comprender las emociones del protagonista, mostrando visualmente su confusión y su evolución a lo largo del relato. 

Este tema conecta profundamente con la propia biografía de la autora. Gloria Fuertes, que a lo largo de su vida se sintió diferente y defendió siempre la libertad individual, supo trasladar a su literatura infantil experiencias personales de incomprensión y búsqueda de identidad. Bajo una apariencia sencilla, sus cuentos encierran una reflexión humana y social que invita tanto a niños como a adultos a aceptarse y a respetar la diferencia. En la actualidad, Gloria Fuertes está siendo reconocida con mayor justicia por su poesía dirigida al público adulto, durante mucho tiempo eclipsada por su producción infantil. Su obra lírica, hasta hace poco relegada a un segundo plano, ha recibido una atención renovada por su originalidad, su tono directo y su compromiso con temas como la igualdad, la libertad y la autenticidad. Esta relectura actual pone de manifiesto la profundidad de su escritura más allá del ámbito infantil y la sitúa con justicia entre los grandes nombres de la poesía contemporánea española. Arthur Inclán / prima María / calber 

:: propósitos

 -10% negativo +26 positivo

imagen::calber

::solo suceden un 10% de todos los pensamientos negativos que cruzan nuestra mente. El 90% de nuestras preocupaciones nunca ocurren y cuando alguna se materializa, solemos afrontarla mejor de lo que imaginábamos. El mayor desgaste emocional proviene del estrés de anticiparlos. Nuestro cerebro está diseñado para detectar peligros, una habilidad clave para la supervivencia en el pasado, pero que hoy se activa frente a situaciones cotidianas, generando ansiedad innecesaria.
Aprender a manejar estos pensamientos implica reconocerlos sin juzgarlos, cambiar el foco hacia nuestra actitud y reacción ante los problemas y no solo hacia lo que sucede. Practicar la gratitud, cuidar el lenguaje interno y desarrollar un escudo que nos permita reducir su impacto y vivir con mayor calma y claridad. Arthur Inclán / Cultura Positiva / calber

Estos serán mis 26 pensamientos-propósitos positivos para este año:

1  Tener pensamientos positivos

2  Celebrar los pequeños logros

3  Aprender cosas nuevas

4  Leer/estudiar/aprobar más

5  No hacer caso de lo no importante

6  Hacer caso de lo importante

7  Viajar, de todas las maneras

8  Confiar en intuiciones 

9  Aceptar las imperfecciones

10 Amar/te más, escuchar a tu corazón

11 Respetar tus tiempos / espacios

12 Ser amable contigo y con los demás

13 Descansar, irte a dormir y dormir

14 Renunciar a lo que no te hace bien

15 Trabajar más en tus sueños

16 Meditar, sea esto lo que sea

17 Volver a intentar eso que tanto quieres

18 Ayudar / ayudarte, salud mental

19 Ser paciente contigo y con los demás

20 Encontrar tu propósito

21 Decirle a las personas que quieres que las quieres

22 Cuidar también tu cuerpo

23 Pedir ayuda cuando la necesites

24 Alejarte de personas tóxicas

25 Conocer personas no tóxicas

26 Entender tus emociones