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:: espejo

«La escena de Rubens parece suspendida fuera del ruido del mundo. Cupido sostiene un espejo y Venus se observa, no con vanidad, sino con una quietud que invita a pensar. Las flechas reposan en el suelo, como si la acción hubiera sido aplazada. Nada urge. Todo espera» El sastre de Apollinaire

::en el silencio visual encaja una idea profundamente humana: hay tantas cosas de las que preocuparse que, al no saber por dónde empezar, quizá la mejor decisión sea no hacer. Una rendición lúcida, la aceptación de que el ánimo tiene estaciones. Hay días en que la luz cambia y nos descoloca, en que una tristeza sin nombre nos deja en observación, como si fuéramos territorio incierto. Y, sin embargo, basta a veces un sueño breve, un cuerpo que descansa para que algo regrese a su sitio. Cuando dejamos de forcejear con la avalancha mental, algo empieza a ordenarse por dentro, como una habitación que recupera su forma cuando cesa el viento. No todo exige respuesta inmediata. A veces basta con sostener el espejo y descansar en él. Desde esa aceptación tranquila nace una forma de estar en el mundo, un deseo limpio, y la certeza de que siempre habrá un lugar donde la luz vuelva. Arthur Inclán & calber

imagen: Rubens & calber

La pintura Venus y Cupido (hacia 1606–1611) de Peter Paul Rubens, conservada en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, es una muestra significativa del diálogo artístico entre el maestro flamenco y Tiziano. La composición representa a Venus, semidesnuda y envuelta en telas blancas y carmesí, contemplándose en un espejo que sostiene Cupido, mientras el arco y las flechas reposan a un lado. La obra ha sido relacionada con las copias que Rubens realizó de Tiziano durante sus estancias en España e Italia, especialmente tras su segundo viaje a Madrid (1628–1629). La datación se sitúa mayoritariamente entre 1606 y 1611. El lienzo ingresó en la colección Thyssen-Bornemisza en 1957.

:: adonis

En el borde del bosque, donde la luz se rompe como un espejo cansado, Adonis cae.

El aire huele a tierra y a despedida.
Venus llega —sus pies no tocan el suelo— y en su rostro arde el pánico de los dioses.
Él sonríe apenas, con la sangre temblando entre los labios:

“Que nunca te falten —dice—
aquellas personas a las que vas
cuando no sabes a dónde ir.”

Entonces el viento se detiene,
el jabalí huye con la culpa en el lomo,
y el mundo se queda quieto,
como si entendiera que el amor,
incluso herido, aún respira un poco más.

_Arthur Inclán & calber

imagen::calber

La muerte de Adonis representa una de las aportaciones más significativas de François Boucher al repertorio mitológico del siglo XVIII y también al del propio Museo del Prado, con esta NUEVA adquisición amplía el número de obras en torno a este tema que también trataron Tiziano, Veronese o Carracci. Boucher muestra su sorprendente facilidad técnica y su talento narrativo, influido por Antoine Watteau y Sebastiano Ricci, en un momento clave de su formación tras haber obtenido el “Prix de Rome” y residido en Italia entre 1727 y 1731.

El mito de Adonis fue recurrente en la pintura rococó por su riqueza dramática y su capacidad de integrar elementos eróticos, amorosos y trágicos en escenarios pastorales de gran delicadeza cromática. Boucher lo aborda con originalidad: en La muerte de Adonis desarrolla la escena de la despedida de Venus tras la herida mortal infligida por un jabalí. A lo largo de los siglos, esta pintura formo parte de colecciones de gran prestigio, entre ellas, la del marchante Louis-François Mettra en nombre de la emperatriz Catalina II de Rusia. Este episodio mitológico de la muerte del dios Adonis por los colmillos de un jabalí enviado por Artemisa. Es uno de los momentos más representados en la historia del arte. Una de las representaciones más antiguas es un mosaico ubicado en la Villa romana de Carranque, Toledo. 

El tema central del mosaico del triclinium de la Villa de Carranque es el mito de Adonis. Este héroe, representado como un joven desnudo empuñando una lanza, se enfrenta a un jabalí.