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:: termalismo

::descienden a las piscinas termales, en el corazón de Villatoya, donde la tierra respira agua caliente y la mañana se abre como una flor lenta. El cuerpo de Guille y Rosario recuerda lo que la mente olvida, también se aprende por inmersión. Krashen (1982) lo llama adquisición. Nadie les enseña a relajarse con reglas; simplemente el agua los rodea, el Balneario tiene sabiduría mineral, han llegado con fatiga en los hombros e invierno en las rodillas.

Pasan los días, llegan los masajes terapéuticos. Las manos expertas corrigen antiguas erratas del cuerpo, como si explicaran una gramática secreta. Aquí vive el aprendizaje consciente: una presión precisa, una técnica justa. Pero el verdadero bienestar, como una lengua viva, termina entrando solo. La balneoterapia sigue un orden natural: primero el silencio, luego la calma; primero se rinde el cansancio, después vuelve la alegría. Así llegan también las palabras nuevas en el salón de baile.

Sentados frente a la arboleda, apenas hablan. A cierta edad el amor se convierte en idioma perfecto, se entiende con miradas, con compartir la sombra, un cartón del bingo, disfrutando una cena en el buffet-restaurante. Nadie sabe si están aprendiendo a descansar o adquiriendo una felicidad nueva. Tal vez ambas cosas. Tal vez, como sabía Krashen en las fuentes profundas de Villatoya, las mejores transformaciones suceden cuando nos dejamos llevar. Krashen / Inclán / calber

imagen::calber/Inclán
Krashen, S. D. (1985). The Input Hypothesis: Issues and Implications. Longman

:: síncopa

 ::me he despertado concentrado en una palabra, ahora lo recuerdo con claridad, “cerveza”, supongo que es por el calor de agosto. El tiempo pasado desde esta idea inicial y la última de anoche es un misterio. Tras una sensación de sequedad he pensado en mi nombre. Hasta aquí, no he hecho ningún movimiento, tan solo un aleteo sutil de párpados, apenas un gesto para recordarlo, calber. Llego, en silencio, a la simple deducción de que es peculiar. Permanezco quieto, con los brazos pegados a mi cuerpo, la boca seca. Sabía que lo siguiente estaba a punto de suceder, soportar una carga, para empezar el día. Él sabe antes que yo cuando despierto, salta sobre la cama primero, y después sobre mi estómago. Se queda ahí parado, en el pedestal, como esperando algo, una medalla olímpica. Mi estómago ronronea, o es el suyo sobre el mío, por unos momentos dejo de pensar. Amasa con sus patas el primer pan de la mañana, despacio se desdice, y salta de vuelta al salón. Toca moverse, antes hago dos listas mentales, una de los calber que conozco y no son familia, la otra, escrita, empieza con “cerveza”.


imagen::calber

La historia de las lenguas demuestra que las palabras se van modificando con el paso del tiempo. El cambio puede hacer que las palabras pierdan —o añadan— algunas letras. Los fenómenos que provocan la supresión de vocales o consonantes de una palabra se denominan aféresis, síncopa, apócope y haplología. Todos estos procesos de cambio fonético forman parte de lo que se conoce como metaplasmos. En lingüística, la síncopa (del griego, syn- + kopein, “cortar, reducir”) es una figura literaria de dicción que consiste en la supresión de algún sonido dentro de una palabra. A lo largo de la historia, las síncopas han funcionado como un mecanismo evolutivo de los idiomas. Eso ocurrió con el paso de muchos términos del latín al castellano. Ejemplos del primer tipo: “calidus”,cálido, caliente a “caldo”. En el marco de una lengua, la síncopa también puede dar lugar a nuevos vocablos. Es habitual encontrar síncopas en el lenguaje coloquial, para favorecer la rima o adaptar un nombre o seudónimo, por ejemplo de “Carlsberg” a “calber”.