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:: positive pants

La menuda niña, cuyos ojos azules parecen vagar en la distancia, se halla encallada en un diminuto arroyo, en medio del sendero que separa dos naciones. Su mente se llena de pensamientos sombríos y duda de su propia existencia, sin saber hacia dónde encaminarse. La mujer observa un panorama tenebroso a su alrededor, reflejando su estado de ánimo sumido en el desconcierto, perdida entre dos realidades divergentes. Se pregunta a qué mundo pertenece en verdad. A pesar de su angustia, decide proseguir, con pasos trémulos y un corazón pesado, consciente de los obstáculos que enfrentará. Avanza con la esperanza de encontrar un refugio donde pueda cobijarse y sentirse en armonía, un lugar donde pueda sentirse en casa. 

imagen::calber

1. Una niña que se queda atascada en un arroyo del camino. Piensa en la vida y en lo difícil que es estar en medio de dos países. Que sea corto, escrito con un estilo de novela pesimista. 2. Resume el texto. 3. Reescribe el texto al estilo Juan Ramón Jiménez. 4. Reescribe este texto al estilo Charles Wrigth. 5. Añade otro personaje a este relato, su primo, que le espera en otro país. 6. Reescribe este texto al estilo Charles Wrigth. - Ejercicio de redacción de texto literario. Clases online por Artemisa Interina.

imagen:: The litlle book of positivity. A journal for your happy thoughts. Allsorted 2022

Su primo, de una melena negra como el ala de un cuervo y manos que parecían talladas en granito, era una criatura intrépida y audaz. Había surcado todos los confines del mundo, siempre en busca de horizontes nuevos y experiencias añoradas. Y en esta ocasión, no sería diferente. Con la promesa de encontrarse en un refugio seguro, rodeado de amor y comprensión, su primo se volvió el faro luminoso que atravesaría los angostos pasajes donde se perdía aquella diminuta niña, presa de dudas y temores.





:: vida dulce

imagen::calber

Life should be sweet, otherwise what a life, what an outrage. Lord, Lord, what pedantry.
La vida debe ser dulce, sino vaya vida, qué barbaridad. Señor, señor, qué pedantería.

imagen::calendario by Mr Wonderful


    «Había una vez un chocolatero llamado David. Desde que tenía uso de razón, su pasión era el chocolate. Pasaba largas horas en su pequeña chocolatería, trabajando incansablemente para crear los dulces más exquisitos que nadie pudiera imaginar. Para él, la vida debía ser dulce, como un bocado de chocolate recién salido del horno, sino vaya vida. Un día se encontraba absorto en su tarea cuando, de repente, escuchó una voz que venía desde la puerta de su tienda. "Señor, señor, ¿me permite pasar?". David levantó la vista y se encontró con un hombre bien vestido, con una expresión arrogante en su rostro. David se sorprendió por su presencia pero lo invitó a pasar. El hombre caminó por la tienda, mirando todo con aire de superioridad. Finalmente, se detuvo frente a una de las vitrinas, sus ojos se iluminaron al ver la variedad de delicias de chocolate. "Vaya, vaya, qué barbaridad", exclamó el hombre con una mezcla de sorpresa y desdén en su voz. "La vida debe ser dulce, ¿verdad? Pero permítame decirle, señor chocolatero, que esto es pura pedantería".
    David quedó perplejo ante tales palabras y, aunque lo hirió un poco, decidió mantener la calma y escuchar al hombre. "La vida debe ser dulce, es cierto. Pero no solo en el sentido literal", continuó el hombre. "Es importante aprender a disfrutar de los pequeños momentos, de las sonrisas que regalamos y recibimos. Si no sabes por dónde empezar, empieza por sonreír". El chocolatero reflexionó sobre las palabras del hombre. No podía negar que algunas veces se había dejado absorber completamente por su trabajo, olvidando aquellos momentos de alegría y conexión humana. Había descuidado las sonrisas. 
    Desde aquel día, David incorporó algunos cambios en su vida. No solo creaba dulces exquisitos, sino que también se aseguraba de compartirlos con una sonrisa genuina. Aprendió a disfrutar de los momentos simples. Así fue cómo David comprendió que la vida debía ser dulce, pero no solo por el chocolate. La verdadera dulzura radicaba en la capacidad de sonreír, en encontrar el balance entre el trabajo y el disfrute de los momentos simples. Y así, la vida de David se volvió verdaderamente dulce, en todos los sentidos de la palabra». 
Relato encontrado en internet de Artemisa Interina.

imagen::laura