
::el verano es carnaval, celebremos lo que sea, incluso un eclipse, que para eso somos “true observers” mientras la humanidad se vuelve oficialmente loca. Yo, por mi parte, estoy genial; ya he dejado de estudiar y, curiosamente, de muy buen humor, el verano así me mola, quizá porque a estas alturas cualquier forma de cordura parece sospechosa. Nuevas-creencias de verano, el busto del Niño Santo ofrece milagros de lo posible limitado; le adoro. No pensé que era tan inocente, qué originales las fotos nosotros en el triciclo amarillo. Dios mío, qué barbaridad, loco y divertido, la memoria tiene su estación. En fin, el verano es magia y nadie debería pedirle demasiadas explicaciones, el duende lo sabe, vive a la sombra de un melón mientras abraza una sandía, porque hay decisiones que solo se producen al calor del verano. calber/Athur Inclán