El lavandero durante años tuvo un amor Balay y sin darse cuenta, también una manera de entender el lavado a máquina. Un solo programa: algodón a 40° era suficiente. Todo cabía allí, la ropa, los días, las costumbres. Cuando algo funciona no es necesario preguntarse si podría funcionar de otra manera. Ahora la rueda tiene más posibilidades, existen prendas que necesitan otro ritmo, otra temperatura, menos prisa. La historia de un tiempo en un único ciclo. El presente es un ajuste en la rueda y los botones, aparecen nuevos programas bisagra, como quien abre la puerta redonda de una lavadora renovada. No sabe exactamente qué busca, el amor perfecto, más limpio, o solo qué ocurre cuando uno vuelve a dejar espacio para el aclarado. La posibilidad de elegir sin tener que saber todavía el final, comprender que no todo necesita convertirse inmediatamente en blancura. Quizá lavar tiene que ver con saber cuándo cambiar de ciclo, encontrar el programa adecuado. La lavadora sigue ahí, girando su tambor. El lavandero esta vez mira un poco más antes de pulsar el botón del amor. Inclán/calber
