:: unicornio bebe luz

:: las velas iban a convertirse en estrellas, un unicornio apareció en el borde del parque. Nadie se sorprendió demasiado. A veces la esperanza entra silenciosa, con pasos de animal imposible. Hay un poeta sentado bajo un árbol tocando la lira para ordenar el mundo. Bebe luz, mientras recita suavemente versos sobre aquellos que hacen esfuerzos continuados y triunfarán sin falta. Y aún más intensos, como que la tristeza puede germinar. Otras cosas caben en la imagen, un Buda afinando una guitarra, una muchacha con sus cuadernos llenos de dudas: ciencias, letras, arte, caminos que parecían puertas cerradas. No elijas solo con miedo, dijo el Buda tocando un acorde sencillo, elige con la parte de ti que todavía cree en los milagros pequeños. La chica miró hacia arriba, un globo aerostático sobrevolaba el cielo de la ciudad. Dentro viajaban recuerdos de ella, nadie la veía, pero su risa flotaba en el aire caliente. El unicornio bebió luz del estanque, por un instante todos comprendieron cosas: el unicornio bebe luz y el mundo cambia cuando una persona decide ser más generosa; el unicornio bebe luz y la vida cotidiana puede transubstanciarse en algo luminoso; el unicornio bebe luz y cada corazón inicia una pequeña revolución humana. La muchacha cerró sus cuadernos, no tenía todas las respuestas, pero sí una dirección. El globo seguía subiendo, el unicornio bebió luz y entero repitió en silencio el mantra más poderoso del mundo. Arthur Inclán & calber

imagen: Arthur Inclán


:: 58 golondrinas

imagen::calber

Aquel día, mientras la lluvia caía mansa sobre los campos, en Madrid las obras del aparcamiento de automóviles de la Plaza Mayor avanzaban con paso firme. Columnas y encofrados ascendían hacia su nivel definitivo, como si quisieran recordarnos que, sobre la Historia, late siempre el presente: arriba la piedra y la memoria; abajo, el estruendo de motores. Dos escenarios distintos unidos por la misma fecha y por el pulso incesante del tiempo.

“¡Dios mío, 58!”, podría exclamar hoy quien repasa el calendario y siente el vértigo dulce de las décadas cumplidas. Porque aquel 1 de marzo no fue un día cualquiera. En Gales se celebra San David, en el folclore popular español se celebra el Día del Ángel, jornada que tradicionalmente marcaba el final del invierno y el despertar de la primavera agrícola. Era costumbre decir que con marzo llegaban las primeras golondrinas, mensajeras del buen tiempo y símbolo de fidelidad al hogar al que siempre regresan.

Así, entre la lluvia suave y la promesa de la nueva estación, Mari y Guillermo comenzaron su andadura compartida. Más de medio siglo después, su historia resuena como esas campanas que aquel día anunciaron su unión: solemne, sentimental y luminosa. Como las golondrinas que vuelven cada año, su amor ha sabido regresar siempre al mismo nido, fortalecido por el paso del tiempo y celebrando, con alegría serena, el milagro cotidiano de cincuenta y ocho primaveras compartidas. Arthur Inclán