:: buena suerte

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::la alegría nunca habla con una sola voz. Alguien dice que el cielo está más cerca. Otro ya está pensando en el siguiente escalón. Alguien grita de verdad al otro lado; otro solo quiere abrazarte. Alguien habla de suerte, que hoy se parece mucho al esfuerzo o al karma. Quizá la amistad sea eso, un idioma imperfecto. Personas que casi nunca encuentran las palabras exactas y, sin embargo, aciertan con la dirección del corazón. “Eres mi héroe”, “Orgullo de amigo”, “Te lo dije”, “La persona con más talento que conozco”. Frases pequeñas que llegan todavía manchadas de la vida de quien las pronuncia. El humor, la torpeza, la prisa, la preocupación, la edad, incluso la propia derrota. Nadie felicita desde un lugar puro; todos lo hacen desde sí mismos.

Y entonces entiendes que la alegría también tiene contradicciones. Estás feliz y aturdido. Celebras mientras esperas otra lista. Sabes que quizá no haya lugar para ti, pero ya no eres el mismo que hace nueve meses. Hay un cansancio que no desaparece con la buena noticia. Hay un esfuerzo tan largo que, cuando por fin da fruto, cuesta creer que ese fruto también sea tuyo. Lo que permanece no es la marca. Es ese puñado de voces que, a su manera, intentó sostener el instante. Como si la amistad consistiera en eso, en acercarse al otro con las palabras que uno tiene, aunque no sean perfectas. Porque la buena suerte, vista de cerca, casi siempre se parece a algo que alguien se ha ganado. Y la amistad, también.  inclán/calber