:: san antonio en el mar
:: Isabelotomía

Sufijo –otomía: partícula morfológica propia del Español se caracterizará por estar, etimológicamente hablando, estrechamente relacionada con la voz griega tomé, “cortar”. El sufijo –otomía constituye un sufijo médico, el cual tiene la carga semántica referente a “disección”, “corte” o incluso la acción de “realizar una incisión dentro de”. Veamos pues algunos ejemplo de cómo se emplea el sufijo –otomía para la conformación de sustantivos, relacionados siempre con el concepto Isabelotomía:
— Fotomía: «Vuestro querido hermano y amigo que mucho os quiere y muchas ganas tiene de veros recuerdos Isabelo. Valladolid A 8 de Julio 1937» La nota tras la foto que lleva su hijo en la cartera con su padre y el tío Demetrio. —
— Mulomía: ... y una mula llamada "Española", que le compró Isabelo al tío Julio Lañas.
— Ignomía: “Antes teníamos dos cosas: hambre e ignorancia. Y ahora sólo tenemos una”. ¿Tú tienes hambre? le preguntó a su nieto para que adivinara.
— Huertomía:_ Sobre la huerta de la tía Manolita, a quien se la compro Alejandro, el padre de Isabelo. Ella era también dueña de la casa de Relámpago y pariente del tío Vargas.
— Numeromía: el 13 era su número de la suerte, estaba en el batallón 13, en la habitación 13 de su última residencia y finalmente murió un 13, su hijo que no es nada supersticioso, en esto del trece sí que cree y sabía que aquella noche, después de una larga resistencia, su padre iba a morir.
En ocasiones este sufijo crea palabras que no pertenecen al ámbito médico, como por ejemplo: Dicotomía (entidad cortada o dividida en dos partes). Y esta palabra es muy pertinente para entender la visión que, con los años, tenemos de él; con el corazón dividido por lo que nos cuentan, por la memoria, por la herida de dios, que se llevó su mitad y con ella nuestra posibilidad.
:: old man
El libro “Casi invisible” termina con un poema que se llama “Cuando cumplí cien años”, el último verso dice: “Y desaparecí.” Mark Strand explica que su editor le dijo que era demasiado obvio ponerlo al final, pero a él le parecía una buena manera de terminar el libro. Mark Strand desapareció el 29 de noviembre de 2014. Cada año a finales de mes conmemoro también el aniversario del blog y renuevo el diseño de la cabecera de “lo último, por amor al arte”. Celebramos el 7º aniversario, entrando en el año 8 y lo vamos a hacer con una entrevista en la que Mark Strand habló de muchas cosas en Nueva York con Zaidenwerg el día de reyes, un año antes de morir. Hablan de Wallace Stevens, de los poemas que escribió al final de su vida, “hermosas evocaciones de la vejez”, para tocar una fibra sensible. Y este año desde “lo último” vamos a dedicar este aniversario a Isabelo Sánchez Barahona, que cumplía años en noviembre y es en sí una evocación de la vejez. Parece que en el momento de la entrevista Strand estaba viviendo en Madrid, trabajando en un ensayo sobre la memoria de sus padres y empleado en sus collages: “Hago collages, porque me permiten escaparme del sentido. No tengo que lidiar con el lenguaje. No tengo que preocuparme por intentar decir algo y no poder. Corto y pego papelitos, y me resulta muy placentero”. Como él, este año voy a seguir sus pasos continuando con la colección “lyrical family” unos collages que me permiten escapar y reencontrarme. También intentaré preparar ricas cenas en madrid…
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Entrevista a Mark Strand (extracto)
por Ezequiel Zaidenwerg 06 Enero 2013
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¿Por qué le resultaba tan atractivo el estilo de Wallace Stevens?
Por sus descripciones tan hermosas. Después de todo, yo había empezado como pintor, y sus poemas me interpelaban desde el interés por lo visual. Además, a medida que fui envejeciendo, los poemas que escribió hacia el final de su vida son hermosas evocaciones de la vejez, así que tocan una fibra sensible. Además, es un poeta del clima...
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También ha dicho que el verdadero alimento para un poeta son otros poemas.
Sí, creo que es así. Creo que uno no se hace poeta sin saber lo que es un poema, o sin haber tenido algún contacto con la poesía. A uno lo inspiran otros poemas y luego escribe. Cuando hablé de mis comienzos como poeta, mencioné mi fascinación por Veinte poemas de amor y una canción desesperada, y ese libro en cierta medida me hizo querer escribir mis propios poemas de amor y mi canción desesperada. Creo que si algo te conmueve, quieres reproducir eso que te conmovió, pero en tus propios términos, para ver si puedes generar algo parecido a lo que hizo el poeta que te precedió.
¿Sería entonces una especie de traducción, traducir del vocabulario poético de otro poeta al propio?
Creo que uno ingiere otro poema, que toca cierta fibra en uno, despierta algo en uno, y uno siente la necesidad de capturar aquello que se ha despertado y ponerlo por escrito.
Al leer sus poemas, tengo la sensación de que crea un mundo alternativo. ¿De dónde surge eso?
Es un mundo verbal que he creado a partir de mi mundo, a partir de mi experiencia. Pero las palabras crean ideas, crean sentimientos, y he creado un mundo en el que ciertas ideas, ciertos estados de ánimo, se han vuelto característicos, y cuando alguien lee mis poemas, se siente transportado –o eso espero– al mundo de Strand, por las palabras que uso y lo que ellas sugieren.
¿Cuáles son sus palabras preferidas?
Me gustaría que fueran más, pero por bastante tiempo fueron “piedra”, “vidrio”, “cielo”, “mar”, palabras muy genéricas... Las imágenes de mis poemas no son necesariamente imágenes visuales, muchas de ellas son acciones, mis poemas describen actividades, a veces de carácter nervioso o absurdo, a veces muy pacífico, pero eso es lo que les da vida. No soy un poeta de la naturaleza, no ahondo en el aspecto de las cosas, sino más bien en su comportamiento. Para mí, el paisaje es un mero decorado, las montañas de Utah eran un decorado, el mar del Atlántico Norte cerca de Nueva Escocia es un decorado, lo que me interesa es lo que se desarrolla frente al telón de fondo de las montañas o del mar.
El humor es un elemento importantísimo de su poesía.
Creo que se piensa, erróneamente a mi entender, que la poesía es algo serio y oscuro... Hay muchas cosas perturbadoras en el mundo, y hay tantas cosas absurdas y tanta locura en el mundo que me parece que sería un error ignorarlas. Cuando leo los diarios, me río y me angustio en igual medida.
Una de las cosas que hace tan atractiva su poesía para mí es cómo logra mezclar comedia y elegía con gran elegancia, de forma que lo cómico nunca se vuelve frívolo ni burdo, y lo elegíaco no llega a volverse dramático, sino que es apenas una nota lánguida de fondo...
Creo que lo has expresado muy bien, eso es exactamente lo que intento hacer. Alguna vez lo describí como una mezcla de melancolía y humor, pero creo que el elemento elegíaco es muy característico de mis poemas, y trato de incluir ambos elementos en el mismo poema, intentando que la transición sea casi invisible, para que los lectores no sepan muy bien cómo sucedió...
¿Qué piensa de los poetas que, como procedimiento, se basan en la experiencia cotidiana para hacer algún tipo de afirmación?
Hay poetas metonímicos, que toman un trozo de vida para representar la totalidad de la vida, y que por lo general tienen una moraleja, explícita o implícita. Yo me considero más bien un poeta metafórico, creo un mundo alternativo que tiene sus propias reglas y regulaciones, en el cual tal vez se puedan percibir algunos elementos de nuestro mundo, y que por eso no resulta totalmente ajeno. El poeta metonímico debe asegurarse de que ese mundo reducido que está representando sea fiel al mundo verdadero de la experiencia. Yo no siento para nada esa obligación. Solo quiero ser fiel a mis propias ideas respecto de lo que funciona en un poema, y no a lo que el mundo consideraría realista o correcto. Lo que me importa es la integridad del mundo que creo, y no lo que estoy revelando sobre el mundo en el que viven los demás.
¿Por qué usa tan pocas palabras? ¿Es algo deliberado?
Porque sé lo que significan y tengo control sobre ellas. Son las palabras que pueblan y dan vida al mundo que creo.
¿Fue una decisión consciente limitarse a un repertorio de palabras tan reducido?
No. Siempre he creído en la sencillez, en lo tocante al lenguaje creo en el principio de economía, hablar de manera sencilla y directa es mejor que decir lo mismo con perífrasis o de forma complicada. Pero debo decir que mis oraciones se han vuelto mucho más complejas, el lenguaje es muy sencillo pero la sintaxis a veces se vuelve muy complicada, y prefiero tener una sintaxis compleja y un vocabulario sencillo que un vocabulario muy difícil y una sintaxis ingenua.
También ha dicho que en la poesía buscamos un misterio...
Creo que así es. No buscamos la solución del misterio, creo que nos gusta que se nos ofrezca un misterio, nos gusta acercarnos al misterio. Quiero decir: si un misterio es un misterio, no lo va a resolver o descubrir un poema. Creo que lo maravilloso que tiene la poesía es esa intimidad con el misterio, porque, una vez que se resuelve, el hechizo se rompe y el misterio desaparece. Queremos perpetuar el misterio, y para eso debemos acercarnos pero sin violarlo.
El misterio está presente en muchísimos de sus poemas...
Son misteriosos, pero no por decisión consciente. Creo que mi cerebro funciona así. La vida me parece misteriosa, mi presencia en la Tierra me parece misteriosa. Muchas veces, cuando termino un poema, no estoy muy seguro, aunque generalmente estoy seguro de lo que he dicho, siempre hay un elemento inexplicable. Creo que los poemas de otros poetas que me atraen tienen algún elemento inexplicable. Siento al mismo tiempo familiaridad con el poema y perplejidad. Creo que la presencia de esos dos elementos es esencial para la poesía.
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¿Es uno de los motivos por los que ahora vive en España?
La única ciudad en la que podría vivir de los Estados Unidos es Nueva York, que es una ciudad maravillosa en muchos sentidos, pero es muy cara, el ruido me molesta, la agresividad de la gente y el grado de violencia que uno encuentra a diario en la calle me resultan enervantes. A veces salgo a caminar y cuando vuelvo a mi departamento me siento exhausto por lo que acabo de ver y escuchar, y tardo demasiado en recuperarme. Me gusta la sencillez de mi vida en Madrid, lo único que quiero es trabajar, y Madrid me permite hacerlo, ya sea escribir una conferencia, un ensayo, o las memorias sobre mis padres que estoy escribiendo ahora, o mis collages.
¿Volvió a pintar, entonces?
No, no volví a pintar. Hago collages, porque me permiten escaparme del sentido. No tengo que lidiar con el lenguaje. No tengo que preocuparme por intentar decir algo y no poder. Corto y pego papelitos, y me resulta muy placentero.
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También leí una entrevista suya en la que declara: “Quiero vivir como un ser humano, quiero ser libre”, respecto de su jubilación como poeta. ¿Cree que la poesía es una forma de esclavitud?
Bueno, no. Creo que exageraba. No sé qué habré querido decir con eso de que quería vivir como un ser humano. También era un ser humano cuando escribí esos poemas. Creo que la obligación de seguir siendo poeta es una especie de esclavitud, porque tu identidad, si uno ha escrito tanto como yo, acaba encadenada a tu producción, a tus poemas. Quería que mi identidad encontrara otro punto de apoyo, o que se viera obligada a modificarse. Quería dejar de ser Mark Strand el poeta, quería ser Mark Strand el que hace collages o Mark Strand el que prepara ricas cenas en Madrid.
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UN VIEJO SE VA DE LA FIESTA
Estaba claro, cuando me fui de la fiesta,
Que, aunque tenía más de ochenta años, tenía todavía
Un cuerpo bello. La luna brillaba sobre nosotros como
suele hacer
En momentos de profunda introspección. El viento contuvo
el aliento.
Y, mira, alguien dejó un espejo apoyado contra un árbol.
Tras asegurarme de que me hallaba solo, me quité la camisa.
Las flores de la yuca asintieron con sus cabezas bañadas por
la luz de la luna.
Me quité los pantalones y las urracas dieron vueltas en torno
a las secuoyas.
Al fondo del valle, el crepitante río fluía de nuevo.
Qué extraño que estuviera en medio de un lugar virgen solo y
con mi cuerpo.
Sé en qué estás pensando. Yo también fui como tú. Pero ahora,
Con tanto ante mí, tantos árboles de color verde esmeralda, y
Campos blanquecinos de hierbas, lagos y montañas, ¿cómo
podría yo
No ser sólo yo mismo, este sueño de la carne, sin tardanza?
OLD MAN LEAVES PARTY
It was clear when I left the party
That though I was over eighty I still had
A beautiful body. The moon shone down as it will
On moments of deep introspection. The wind held its breath.
And look, somebody left a mirror leaning against a tree.
Making sure that I was alone, I took off my shirt.
The flowers of bear grass nodded their moonwashed heads.
I took off my pants and the magpies circled the redwoods.
Down in the valley the creaking river was flowing once more.
How strange that I should stand in the wilds alone with my body.
I know what you are thinking. I was like you once. But now
With so much before me, so many emerald trees, and
Weed-whitened fields, mountains and lakes, how could I not
Be only myself, this dream of flesh, from moment to moment?
imagen::calber
______________________ aniversarios:
Yo me muevo | para mantener las cosas juntas. Aquí está el concepto: caminar, reunir lo disperso, conservarlo unido. Este catálogo custodia todos los aniversarios, y en ese mapa de vínculos vive su razón de ser.
- _ strand #00_2014 :: cosas_juntas
- _ strand #01_2015 :: STRAND
- _ strand #02_2016 :: carta
- _ strand #03_2017 :: renovación
- _ strand #04_2018 :: highlighter
- _ strand #05_2019 :: blanco
- _ strand #06_2020 :: año nuevo
- _ strand #07_2021 :: old man
- _strand #08_2022 :: manual de la nueva poesía
- _ strand #09_2023 :: oslo
- _ strand #10_2024 :: tristeza
- _ strand #11_2025 :: la buena vida
:: la condesa
«Detrás de un triste mulo comenzamos a entrar por el huerto, Don Emilio, el cura de Ajofrín para asistir a los oficios de la Virgen de Agosto y un servidor, adelante hasta el estanque. Hallábase la condesa, hermosísima señora, al borde de la charca vestida de unos monjiles anchos, al parecer de anascote batanado, con una toca blanca de delgado canequí, sobre el ribete descubría en campo de plata, una corona condal. Como si dijésemos la condesa granizada, y que de su propio apellido se llamó la condesa de Tocenaque, a causa de que se producían en su dehesa mantecados, por ser costumbre en aquellas partes tomar los señores la denominación de sus nombres de la cosa en que más sus estados abundan» (nota1*)

collage:: “La Sra Condesa tomando un frigopie” calber, 2021
El Archivo Condal de Cedillo pertenece desde hace más de cinco siglos a la familia de los Álvarez de Toledo. Fiel reflejo de su importante papel en la historia de Toledo y su comarca es el volumen de documentación de todo tipo generado o acumulado por esta familia y sus ramas colaterales durante centurias. La historia que quiero contar tiene que ver con los últimos Condes de Cedillo: María Josefina López de Ayala y Morenés, nacida en Madrid el 22 de octubre de 1900, viviendo 88 años, XVI Condesa de Cedillo, VII Vizcondesa de Palazuelos. Casó con Pedro Miguel Pérez de Ayala Infanzón de Illescas. En 1960 Le sucedió su hijo por cesión José Luis Pérez de Ayala y López de Ayala, pero este ya es otra capítulo. Quiero hablarles de un hallazgo, que tiene que ver con “la condesa”, revisando los archivos de mi familia, han aparecido unos papeles, en un viejo arcón, una escritura y unas notas de mi bisabuelo y de oficiales de justicia.
El documento en cuestión está encabezado con blasón de los López de Ayala, y viene siendo una escritura de compraventa de unos terrenos:
«En Tocenaque, a 15 de Agosto de mil novecientos cuarenta, reunidos de una parte y en concepto de vendedor María Josefina López de Ayala y Morenés, mayor de edad, Condesa de Cedillo, natural y vecina de Madrid y como comprador, D. Alejandro Sánchez Bravo, agricultor con vecindad en Tocenaque, han convenido en llevar a cabo el presente contrato privado de compraventa, al que dan toda la fuerza y valor de público bajo las siguientes estipulaciones […] Siendo la primera dueña en plena propiedad y dominio de la finca rústica, doce fanegas, en término de Tocenaque colindante de la dehesa del mismo nombre, en extensión aproximada de 12 fanegas, divididas en tres suertes. En cuyo momento se otorgará, por el vendedor, la correspondiente carta de pago de esta obligación».
Pero lo realmente interesante aparece en las anotaciones de la parte trasera, en la que mi bisabuelo escribe de puño y letra algunas impresiones sobre “la condesa de Tocenaque”, en realidad Señora de Tocenaque, Condesa de Cedillo; el día que fue a firmar el contrato de compraventa. (nota1*) Las otras notas sueltas tienen que ver, una sobre los requisitos a modo de curriculum insertadas por el alguacil del municipio, (nota2*) Otra con temas familiares sobre las finanzas de los “Cachivaches” (nota3*) Y por último una breve reseña histórica de la familia de la Sr Condesa.(nota4*)
El secretario del Ayuntamiento, hace constar: «A Alejandro “el Cachivache”, que así era conocido en el pueblo, le nacieron los dientes en el campo, a los 7 años ya arrancaba algarrobas al otro “lao” el río. Siendo hombre adulto es uno de los agricultores más despiertos del lugar, el que mejor conoce el campo de toda la comarca: las particiones, los términos, los propietarios, la clase, los tipos de tierra, los dueños, medianías, servidumbres. Su pericia le viene por varias ocupaciones que ha tenido, todas relacionadas con la tierra: A parte de su huerta y las olivas, es porteador de los cazadores en las etapas de caza. Sembrador de zanahorias para la cooperativa de la verdura, asistiendo a todos los socios. Por último está la recogida del grano, es un segador extraordinario, que tiene un método especial para combinar, siembra, barbecho y rastrojo, que lo hace uno de los productores de mayor éxito. Se dedica también a trabajar para la cooperativa del secano, ayudando a la cosechadora en la siega, transportando el grano. Es experto en la localización de terrenos, en fin, como él dice: “si a mi edad no voy a conocer el campo”. Y para que conste doy fe y firmo» (nota2*)
Alejandro Sánchez Bravo, 1881-1972 y Cándida Barahona Ramos,1885-1973* matrimonio, mayores de edad, vecinos de Tocenaque dueños de: seis fanegas vecinas al Convento franciscano de la Oliva; 4 fanegas arrendadas a Don Julio Cabañas Caballero (1862–1930) en la vega del Guadarrama; varias vacas y gallinas; 9 hijos entre machos y hembras que trabajaban todos por igual. En resultas de las fatigas de toda la familia, proceden a comprar algunos terrenos en la comarca. En lugar de hacerse con la vega arrendada que el Dr. Cabañas ofrecía a todos los arrendatarios, como acto en defensa del proletariado o del pobre, “… mejor dar trabajo a limosnas, y cultura a ignorancia” decidió adquirir otras tierras que más le convenían. A saber: 12 fanegas junto a la dehesa de Tocenaque, que posteriormente, le sobrevivieron y se dividieron en 3 suertes, les tocaron respectivamente a su nieto Fernando Sánchez, a una hija, Ángeles de Lominchar y a su hijo Francisco; 6 fanegas en camino Cabañas, donde hizo la primera huerta; 8 fanegas al final del camino del río Guadarrama, estas últimas le tocaron a su hijo Isabelo en suerte, (que hizo los lotes y que gravó con 100.000 pts. por ser de mayor extensión) junto con el gravamen añadido, que ironías del destino, pagó con gusto, pues así era su sentido de la justicia. Los hijos varones creyeron tener derecho prioritario sobre las huertas, porque sobre ellos recayó la construcción de los pozos, pero el matrimonio encontró justo el sorteo pues hombres y mujeres trabajaron la tierra por igual. (nota3*)
*Cómo es la vida, 88 años vivió la Condesa de Cedillo y 88 años, Doña Cándida, nuestra condesa familiar, mujer voluminosa, vestida de riguroso luto, sentada en lo que imagino como en un trono, en el fondo de una sala, a la que acudíamos todos sus descendientes, en audiencia, como si se tratara de la matriarca de un clan en blanco y negro.
Historia condensada de los Condes de Cedillo: «Es complicado presentar el relato genealógico de toda una familia, una casa condal toledana: la de los Condes de Cedillo, título intermitente, en su primera raza, o sea la del linaje de Álvarez de Toledo, y sus agregados los de Ajofrín, Bocanegra, Ponce de León y Luna. Posteriormente Título y Casa pasaron a los López de Ayala. Se trata de uno de los linajes toledanos más distinguidos, cuya figura principal fue Hernándo Álvarez de Toledo, Señor de Cedillo y Tocenaque, y gran secretario de los Reyes Católicos, en cuyo reinado fue protagonista y engrandeció a su prole. El condado de Cedillo es un título de nobleza que fue otorgado en 1624, por el rey Felipe IV a favor de Antonio Álvarez de Toledo y Heredia Ponce de León y Luna, III Conde de Cedillo Señor de Moratalaz, Tocenaque y Manzaneque, notario mayor del Reino de Granada, patrono de la Universidad de Santa Catalina, nacido en Olías hacia 1570. Desde sus orígenes la Casa de Cedillo estuvo adscrita al linaje toledano de la casa de Toledo; una línea agnada, pero ilegítima, de los condes de Fuensalida». (nota4*)
:: elixir

imagen::calber
Querida Grana,
¿Qué tal por Alicante? te veo muy bien con tus proyectos, me encanta todo lo que tenéis allí, es toda una aventura. Siempre tan activa con tus secretos. Supongo que hoy te habrás acordado de mí, para seguir la tradición, también te mando un recuerdo doblemente repetido, un collage y un “haiku”, es el primero que escribo, está motivado por los tuyos sobre el paisaje de nuestra maravillosa tierra. A ver si a cambio me cuentas alguna historia de las tuyas, sobre aquellos tiempos, todo se va archivando para un futuro libro de familia.
Un abrazo fuerte.

imagen::calber
Sí hoy me acordé de usted, tío, de veras nos quería tanto y era tan niñon, jugaba con nosotras, siempre tenía una pícara sonrisa que perdió cuando murió la tía. Al contrario que mis padres, que discutían mucho, sentía que ustedes se querían y estaban muy unidos. Es admirable como siempre animaba a la tía cuando tenía la depresión. En fin, vivimos mi hermana y yo nuestros primeros años con ustedes y con cualquier anécdota que contara nos hacía reír, ademas usted siempre hablaba con muchos dichos. Era muy orgulloso, se sentía seguro de sí mismo y hablaba con mucha convicción. Qué alegría me da, pues veo que usted también se acuerda de mí. Todos bien por el momento pero echo de menos mis paseos por el campo con mi tío, las charlas con mi tía. Esto es una pesadilla, en fin.
Un beso,
Grana Ortíz
:: casa - cuadro
- Pablo Neruda -

Si resulta que ahora les toca ser abuelos, nunca pierdas la oportunidad de abrir las puertas a tus hijos y a tus nietos y celebrar con ellos el don de la familia, porque solo en la familia es donde los hijos y los nietos encontrarán el espacio oportuno para vivir el misterio del amor a los más cercanos y a los que te rodean. ¡Disfruten y aprovechen la casa de los abuelos!»
Extracto encontrado en internet (Maravilloso/NetArt) créditos: a quien corresponda!!
:: tío félix

Hace unas semanas, acompañé a mi padre a ver a su tío, se encontraron, como si nada, como si estuvieran a punto de salir al campo a trabajar, chalaron del tiempo, como que se hubieran visto el otro día, y yo quise ver en sus ojos camuflados, restos de un pasado, brillos de emoción. El tío Félix vivía en la Residencia y no se quejaba, siempre enfrascado en una boina negra que era ya parte de su cabeza, congelado en su mundo, hablaba poco, le faltaban los dientes frontales, todo lo contó en su juventud toledana. Te recibía a su manera, con una sonrisa y decía que estaba bien de salud, ahí sentado en línea, pegado a la pared, un poco aparcado, casi como vivió, y era ese su estado natural, el que él eligió. El último día que nos vimos, le tiré unas fotos con mi padre, que se comprometió a una nueva visita. Él se sacó del bolsillo una nota manuscrita, yo emocionado pensé que sería una carta del pasado o un mensaje para descifrar. Eran unos números, resultó ser un cuadrante de los días que le tocaba guardia en la garita de la puerta, para que así fuese más fácil la visita. Le pedí que me lo regalara, él se quedó un poco sorprendido. Yo quería conservar unas cuantas letras de su puño, un resto de historia que pegar en mi agenda, una señal de vida. Él, más realista, me advirtió que no me fiara del papelito, porque era el calendario del mes pasado.

En alguna ocasión, intenté preguntarle alguna cosa de nuestra familia, a lo más que llegó es a enseñarme una foto de sus padres, que llevaba en la cartera, me la mostró con orgullo, como ofreciendo un trozo de corazón y dejando entrever una pizca de debilidad. Yo buscaba en el tío Félix alguna hendidura por la que descubrir más cosas de nosotros. Cuando le miraba veía en él al hombre que seré, una estirpe en su rostro. Era una sensación de deshubicación, con ojos extraños, como un hijo adoptado que se encontrara con su progenitor biológico. Él era mi abuelo, y mi padre, y hasta yo me veía reflejado doblemente: por tío y un poco también por la idea de hombre solo que le sobrevolaba. Un hombre sin descendencia que le continúe, que le acompañe en los tópicos de la existencia. Y sin embargo, vuelvo a encontrar en la figura del tío Félix un consuelo. Es un misterio cómo a lo largo de la vida las personas nos vamos quedado solas, dando igual el estado civil o la cantidad de gente de la que te hayas rodeado. En su caso, he comprendido que debemos aceptar que queramos hacer las mismas cosas en la muerte como las que hicimos en la vida. Así, igual que nacemos solos, morimos solos y es cierto que lo demás es ilusión, porque eso es la vida y también la muerte que nos acecha estos tiempos con más ímpetu. Y un día seremos nosotros mismos los que estaremos en soledad frente a la nada. Y ahora sí, descanse en paz el tío Félix.
:: coronavirus 2
“Estar viviendo un sueño o una película de ciencia-ficción” ha sido una reflexión hecha meme recurrente y cansina. Y hasta las citas de El Quijote nos sirven como cuña de los mensajes vigorizantes y de las bondades del #YoMeQuedoEnCasa. Para mí, un acaparador de “detallitos culturales”, un “Diógenes del pantallazo”, estos días están siendo muy intensos, inputs visuales por todas partes. Así mi cabecita loca anda perdida. Incluso antes del confinamiento la red ya estaba a tope de listas, links a toda clase de libros, películas, recursos educativos y recorridos virtuales. ¡Una explosión de contenidos, de luz y de color! Y la verdad, no me da la vida, ni para leer de soslayo la acumulación, lo del teletrabajo no está aún bien desarrollado.
Y entre tanta merdé, en tiempo de coronavirus, me topé con un tweet de Ferran Toutain, sobre una “sociedad de la imitación, donde no hay reflexión”. Parece que no sentimos de verdad, porque todo lo hemos visto ya en la tele, en el cine. Frente a cualquier cosa que nos pasa, ya tenemos unas pautas de conducta aprendidas de forma inconsciente. Pero también hay gente que reacciona de forma sorprendente, unos piensan que llega el apocalipsis y otros se toman todo a guasa. En medio la sociología entra en barrena y el WhatsApp colapsa. Creo que nos hemos dividido en dos compartimentos, el que está pendiente de la curva, del volumen de infectados o de los balcones. Este lo controlamos vía telediario, que dan ganas de apagar todos los aparatos que nos rodean. Y luego está el espacio de lo personal (en realidad habría más subdivisiones, pero este es un post pseudocientífico, por lo que abrevio) en el que lo importante es nuestra salud, o debería empezar por los demás, y el bienestar de nuestros seres queridos. Estamos pendientes del teléfono, de las video conferencias, (estamos aprendiendo a desdoblar pantallas, a añadir gente diversa en los móviles, en plan Blade Runner que da gusto) saber el último parte vírico de la familia, si tu padre tose, tu madre tiene décimas, tu hermano se marea, o si la abuela fuma. Estamos hiperpreocupados por el fantasma de los respiradores, de las mascarillas que nos faltan, del 900 que nos pone en espera, del microbio que acabará con nosotros como chinches.
Entre tanto sudor frío, me pongo a ver fotos del álbum familiar, en plan “dramas”, por si no vuelvo a vivirlo. Y es que ya voy conociendo casos reales de gente cercana en el hospital. Con esto del amor que la nueva sociedad tiene por sus seres queridos, también me surgen dudas. Los nuevos padres siente “amor Instagram” por sus cachorros, amor del bueno, mientras que los “padres viejos” pareciera que ni siente ni padecen, como si ellos hubieran vivido una vida ajena al concepto “felicidad”. Una lógica contradictoria e injusta. Quizá lo que pasa es que estos días tengo mas tiempo (a pesar de estar petado con el teletrabajo) para meditar. Cuando hablo con mi padre, hay veces que pienso que está tan pachucho que no lo volveré a ver nunca y otros me da la sensación de que es un roble y se la suda todo. Seremos así los humanos. Y aquí entra el tema “neuras”, sugestión, un capítulo para explorar. Me acuesto la siesta completamente torturado, convencido de que estoy infectado y con síntomas graves y me levanto como si nada y el confinamiento ni lo noto. Y eso me hace sentir bien y mal a la vez. Resulta que yo he vivido los últimos años en estado de alarma sin saberlo, (esto daría para otra entrada) así que ahora para estar a la altura, en casa, tenemos que apretar el culito y ya vamos por el de excepción, desinfección en grado 2.0. Una pandemia es una experiencia tremenda, única, universal. La introspección, es una fase loca para unos y vulgar para una minoría que vivimos siempre en lo íntimo. Me han pasado tantas cosas estos días que parece que he hecho un viaje. Una de las más sorprendentes es como me está dando el fenómeno para vivir la vida de otros, y por consiguiente para sufrirla también, desde aquí, desde mi cuevita. En el pánico, me abrazo a mi gato, suerte que la OMS ha dicho que las mascotas no transmiten la bacteria, y los dos ronroneamos recordando a tanta gente maravillosa.
Hoy he asistido a un concierto telemático de María Jiménez, resucitada, lo de “sensación, de tenerte dentro de mi corazón” no va de gérmenes. Lo que estamos interiorizando es un cambio de lo que es importante, y aquí puedo introducir toda una melé de conceptos con temática autoayuda, y coja cada uno lo que quiera: “conocerse mejor”, “valorar lo que tenemos”, “mirar por el mundo, por los animalitos”, “salir de nuestra zona de confort”, “enfrentarnos a la vida con energía”… y así hasta la curación total. Lo que viene es la ausencia de un tiempo, quizá, una realidad que va a cambiar porque faltará mucha gente, lo que esa gente imaginaba o sentía, muchos seres queridos que se irán para siempre. Por eso, todo esto lo pienso y no lo pienso por momentos. Parece ser, que “la vida está hecha de alegrías y penas a partes iguales y cada una tiene su función. Yo antes creía que mi objetivo como ser humano terrícola era llenar mi universo de muchísimas alegrías y evitar absolutamente las penas, pero he aquí, que el equilibrio es la virtud, como en tantas cosas, la forma de valorar la alegría es saber sobrellevar la pena, que tiene un efecto potenciador.
Voy a terminar con la enésima contradicción, mandando un mensaje de ánimo a todos los que me leéis (que sois tantos, la mayoría asintomáticos y que os multiplicáis como los bichitos de forma exponencial). Quería deciros que os quiero, que ha sido una vida bonita, más de lo que creía, a pesar de mis torpezas, de mis quejas, de mi actividad paralizante, de mi buen humor enmascarado, de mi positivismo negativo. Ya sabemos como acaba El Quijote. A pesar de todo, se os va a echar mucho de menos, quiero decir que espero que me echéis mucho de menos, si este coronavirus acaba con mi mundo, anterior.
:: la piedra

imagen:calber
