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:: we can do it

«Tuvieron que venir las mujeres negras a decirles a las mujeres blancas que sus experiencias no necesariamente eran las mismas. Tuvieron que venir las proletarias a decirles a las mujeres de clase media que de ninguna manera vivían igual. Tuvieron que venir las migrantes para recordarles a las que tienen papeles que ellas cargan con sus propios dolores […] el feminismo nunca ha sido uno solo, ni puede serlo. Las luchas son múltiples como las opresiones»  Gabriela Wiener


imagen::“Úrsula the Riverter” por Cavallino, J. Howard Miller y calber para Westinghouse Electric.

Me llamo Paula Punzón García llevo varios años luchando contra un trastorno de “miedo subjetivo crónico MSC”. Comencé a darme cuenta de que algo no funcionaba bien tras subir una escalera de una casa en llamas, porque, si estaba viviendo no era capaz de concentrarme, tenía que repasar lo vivido muchas veces. En resumen, sentía una inseguridad muy grande a la que se sumaban pensamientos recurrentes del pasado, obsesiones, dolores.

Con todo, logré bastantes cosas, como un Postgrado en Arte Conceptual y Pedagogías Feministas en la Escola Massana y la Universidad Autónoma de Barcelona. La relación entre el arte y feminismo en el mundo contemporáneo ha sido un tema constante en mi obra. Ya en Madrid, acudí a la consulta de la Psicoterapeuta Carmela Cabañas, con una medicación adecuada y largas sesiones fui mejorando. Y así hasta hoy, el día de la mujer trabajadora, en que la Dra. de Vírgenes Gutierrez, Ana Jesús, médico especialista en Otorrinolaringología y Otoneurología me han diagnosticado “Miedo psicofisiológico persistente”. Me siento normal, como dice Gabriela, las luchas son múltiples como las opresiones. Lo que me ocurre se da como respuesta a situaciones amenazantes. Cuando enfrentamos un peligro, nuestro cerebro reacciona detonando comportamientos que nos permiten defendernos o estar a salvo”.

Qué ironía, de todo esto hablo en el curso que coordino: “Arte y sensibilidad de la experiencia femenina» Un reto, estar diagnosticada y tratar de vencer desde dentro, por mí misma y por todas mis compañeras. Creamos grupos de ayuda mutua, compartimos experiencias, porque esta dolencia está muy estigmatizada especialmente entre las mujeres artistas “we can do it”. El miedo hace que activemos las alarmas de nuestro sistema y nos prepara para la huida. Próxima visita: “neurología”



:: carpecentrismo

 
imagen::collage digital en base a una ilustración de nat shasha "alegre mujer" 1-3-2020 
/ fotografía "alfombra alegre" de calber. Parque ramón ibarra.

El carpecentrismo es un estimativo ideológico a través del cual una mujer u hombre analiza el mundo de acuerdo con los parámetros de su propia alfombra. Es un concepto elaborado por la antropología para mencionar la tendencia que lleva a una mujer, hombre, o grupo social a interpretar la realidad a partir de sus propios razonamientos. El carpecentrismo suele implicar la creencia de que el grupo último al que nos hemos incorporado es lo más importante, y que algunos o todos los aspectos de la postura vital que defendemos son superiores e indiscutibles. Nos mantenemos ahí, sobre una “magic carpet” que es una nueva zona de confort que nos va a traer la anhelada felicidad.

Vivimos una sociedad repleta de situaciones donde se presentan conflictos recurrentes, las creencias carpecéntricas de superioridad son usualmente vinculadas a sentimientos de desconfianza y temor, así como también se relacionan con acciones que son diseñadas para limitar el contacto con mujeres u hombres del otro grupo y para ejercer discriminación.  Es aquí donde el carpecentrismo entra en juego, acompañado por, discriminación, prejuicios, separación física de mujeres y hombres como estereotipos negativos hacia la otra o el otro. Ojalá seamos capaces de pender en la alfombra voladora sin sesgos cognitivos. Que la mujer viva alegre en su alfombra alegre con el hombre alegre sobre su alfombra alegre. Y que el carpecentrismo nos haga reflexionar y sobrevolar juntos, en una alfombra mágica, el alegre futuro.

:: la mujer verde

“Imagino que he sido ingenua al mostrarte de forma tan espontánea mis emociones. He subestimado tu perspicacia, y has robado los caminos de mi cerebro, y no sé si también de mi corazón.  Yo no quiero jugar a jeroglíficos literarios, aunque me gustan tus astutos e ingeniosos laberintos de personalidades suplantadas. Yo con la poesía ya me pillé los dedos una vez, y la inspiración se ha secado para mis versos. A parte del vértigo que me produce mirarme en el espejo de tus palabras. Puedes añadir las palabras miedo y cobardía a tu lista de sarcasmos. Tal vez otro día leas algo que sea más de tu agrado. De cualquier modo siento haber roto la magia de tu imaginación, pero estoy demasiado “shocked”. Espero que tus últimas semanas estén a la altura de todo lo que la ciudad te ha dado. Si algún día te apetece tener una conversación normal, ya me hablarás de todo ello. Cuídate, y avísame si revelas las fotos. Un beso,  La Mujer Verde”

imagen:calber


::extracto de una carta encontrada en un contenedor, en la calle Estambul, entre las hojas de un viejo pasaporte. Eso que ocurre cuando se te escapa la mirada hacia los rincones, o hacia las mujeres tendidas en los márgenes de la primavera.  Me imaginé la cobardía de ojos azules y el miedo de labios rojos y me dispuse a pintar el retrato de la mujer verde inspirado en uno de eso dibujos a mano alzada de Gregorio Prieto, o quizá más inspirado por sus deseos en la ciudad que le unió a los poetas españoles del 27. Sucede siempre lo mismo con la poesía, ella lo dice, que te hace pillarte los dedos. Las palabras dan vértigo. Que cruel sensación. Las calles y la literatura son un laberinto. Hay una extraña efecto de tranquilidad, a pesar de no conocer más de la historia, pero daría mi retrato inventando, por ver alguna de las fotos de la mujer verde reveladas.