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:: piscina de verano III

En verano, las aguas en su reflejo,
se deslizan suaves, destino divino,
piscinas que en azul guardan el camino,
son espejos del futuro, del deseo.
La ola desafía, en su juego, el esfuerzo,
dibujando en el alma un sendero fino,
el verano es espejo del estado divino,
y en su fondo profundo, la vida en concierto.
Refugio de sueños, de sol y de encanto,
las piscinas son alma en calma eterna,
donde el tiempo se funde en un solo canto,
y así la vida, en un instante, alterna,
entre agua y reflejo, en un manto blanco,
la suerte y la competición en la quimera.

Piscina de verano - Arturo Inclán



:: piscina de verano II

imagen::calber

En la piscina nos encontramos, sin querer,
dos almas jóvenes que ansían volar,
entre risas, confidencias, y ritmar,
dibujamos en Oliva un mundo por ver.
Fuiste refugio, aliento y consuelo,
en días eternos que aún guardo en mí,
tu amistad firme, claro y sin fin,
me acompaña, fiel, en cada duelo.
Brindo por ti, por tu luz sincera,
por la alegría que en ti siempre brilla,
y por el ayer que aún en mi espera.
Que la vida te ofrezca su maravilla,
y en el tiempo, que todo lo pueda,
encuentres momentos que el alma brilla.

Piscina de verano - Arturo Inclán


:: piscina de verano I

 
imagen::calber (primera superior izquierda: verano vintage: “Nice Poll”, Slim Aarons 1955)

En verano, la piscina es mi sueño,

un espejo de agua, pura realidad,

donde infancia y familia en armonía,

se funden en risas, en dulce alegría.


Sus aguas reflejan un mundo pequeño,

un instante de paz, pura claridad,

metáfora viva de la vida misma,

que en cada chapuzón renace y brilla.


En los días calurosos, sin tormenta,

la infancia se revive en cada ola,

la familia unida, en la corriente,


y en su fondo, la vida se descolora,

pues el tiempo pasa, la memoria cuenta,

que en esa piscina, el alma se consola.


Piscina de verano - Arturo Inclán




 

:: el mar

imagen::calber

Antes que el sueño (o el terror) tejiera

mitologías y cosmogonías,

antes que el tiempo se acuñara en días,

el mar, el siempre mar, ya estaba y era. 


 
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento

y antiguo ser que roe los pilares

de la tierra y es uno y muchos mares

y abismo y resplandor y azar y viento?
 


Quien lo mira lo ve por vez primera,

siempre. Con el asombro que las cosas

elementales dejan, las hermosas 


 
tardes, la luna, el fuego de una hoguera.

¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día

ulterior que sucede a la agonía.

Jorge Luis Borges. El mar. El otro, el mismo, 1964

El primer poema que publicó, a sus veinte años, se llamó Himno de mar. Fue en la revista Grecia de Sevilla, en el año 1919. Nunca lo incluyó en ningún poemario o antología, ya que corresponde, como él mismo decía, a su período de equivocación ultraísta. Años después escribe en su Autobiographical Essay: Hoy, casi no pienso en el mar, ni siquiera en mí mismo (…) cuando llegué a Madrid unos meses después, ya que este era el único poema que alguna vez había impreso, la gente pensaba en mí como un cantante del mar“. Casi cincuenta años después, escribe este poema. El mar como algo que estaba antes que nada, antes que el universo y que el cosmos. El amor como algo impactante y bello, cómo se siente uno al verlo: como si siempre fuera la primera vez.

:: soneto


imagen::participación de calber
Primera carpeta Sonetos visuales
Babilonia Revista Ensamblada
de Francisco Pérez Belda



Amor constante más allá de la muerte.

Cerrar podrá mis ojos la poestrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
·
mas no, de esotra parte en la ribera,
dejará la memoria en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría
y perder el respeto a ley severa.
·
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
·
su cuerpo dejarán, no su cuidado,
serán ceniza, más tendrá sentido,
polvo serán, más polvo enamorado.

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—¿Y qué se puede hacer—le pregunto a mi maestro— si uno ama la poesía, pero detesta a la mayoría de los poemas?
— ¿De los poemas o de los poetas?
—Dejémoslo en lo primero. Yo creo que la poesía nunca se encuentra demasiado a gusto en los recitales de poesía ni en los libros de versos.
—Lee a los grandes de ayer y a los grandes de hoy, que creo que sabes detectar bastante bien. A los otros, si son amigos, limítate a elogiarlos sin leerlos, que la cortesía es una gran virtud. No conviene ser sincero sin interrupción.

*Diálogo en el día de la poesía entre Benito Jerónimo Feijoo y José Luis García Martín