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:: piel

imagen::calber & francis

::bajo este sol que no perdona —no el de las postales marinas, sino el que cae como un deber antiguo sobre los campos— la piel aprende a contar historias. Aceituneros altivos, ¿quién levantó los olivos sino esas manos curtidas que saben del peso del día y del filo abrasador de las horas? La luz, unida al agua pura y a los planetas, fue dibujando hermosuras en los troncos retorcidos… y también en los rostros que la enfrentan.

En esa piel bareada, que no conoció más playa que el resplandor seco de la tierra abierta, fueron apareciendo pequeñas islas ásperas: manchas, parches, querencias del sol que se quedaron demasiado tiempo. Queratosis actínica, solo es la memoria de la intemperie escrita en la capa más visible del cuerpo. A veces, ese recuerdo se endurece, crece, insiste. Y en ocasiones, como un germen silencioso, exige ser extirpado: un pequeño huso de piel, marcado como se marcan los puntos cardinales de una vida de trabajo, para dejar los bordes limpios, para abrir paso a la curación.

Y aun así, incluso en la herida, incluso en el color pintado para orientar al bisturí, continúa latiendo el mismo misterio: la piel como un campo donde el sol ha sembrado sin preguntar, y donde el cuerpo, altivo como el olivar, sigue respondiendo. Porque lo que aparece no es la huella de vacaciones soñadas, sino la de una vida entera bajo el cielo abierto, trabajando la luz hasta que ella, inevitablemente, comenzó a trabajar la piel. Arthur Inclán & calber

imagen::calber




:: tractor

::papa (noel) me ha traído este año un TRACTOR, ha llegado el día feliz!!!


imagen::calber

Ya va a llegar el día feliz sobre la frente
de los trabajadores: aquel día profundo
en que sea el minuto jornada suficiente
para hacer un tractor capaz de arar el mundo.

La fábrica-ciudad (fragmento)
El hombre acecha 1938. 
Miguel Hernandez

:: corazón

Me sobra el corazón

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.
Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos en mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.

No puedo con mi estrella,
y me busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.

Si no fuera… ¿por qué?... no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo ahí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.

Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.

Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué inconformes mis ojos?

Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?

Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.

Me sobra el corazón.

Hoy descorazonarme,
yo el más descorazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.

_Miguel Hernández, Otros poemas, 1935-1936

imagen:calber

“RELOJ/CORAZÓN”
Técnica mixta, acrílico sobre fotocopia

25x25cm. Detalle