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:: cierva blanca

La actualidad determina las imágenes que observamos y las que queremos ver. La actualidad más rabiosa del exterior y también la pequeña actualidad cercana. Esta visión ultraartística me permite prestar atención a cosas que para los demás pasan desapercibidas. Llevar la vida al ojo, hoy por ejemplo, once de septiembre, me fijo en el luto verde de Inglaterra y en los aniversarios gemelos, en el sillón R negro de corazón tan blanco. En la distancia corta, olvido mi futuro, ser agua y no ser contradicción. El numen me dicta imágenes de blancura, veinticinco años de felicidad y vuelve la cierva blanca que soñé esta mañana.
 
 
 imagen:: “La cierva blanca” — calber —

¿De qué agreste balada de la verde Inglaterra,
de qué lámina persa, de que región arcana
de las noches y días que nuestro ayer encierra,
vino la cierva blanca que soñé esta mañana?
Duraría un segundo. La vi cruzar el prado
y perderse en el oro de una tarde ilusoria,
leve criatura hecha de un poco de memoria
y de un poco de olvido, cierva de un solo lado.
Los númenes que rigen este curioso mundo
me dejaron soñarte, pero no ser tu dueño;
tal vez en un recodo del porvenir profundo
te encontraré de nuevo, cierva blanca de un sueño.
Yo también soy un sueño fugitivo que dura
unos días más que el sueño del prado y la blancura.
 
La Cierva Blanca. Jorge Luis Borges. La rosa profunda (1975)
 

:: emily

 
collage::calber 
 
De T. W. Calberson a E. D.

11 de mayo de 2022

A veces saco sus cartas y versos, querida amiga, y cuando siento su extraño poder no es de extrañar que me cueste escribir y me pase así muchos meses. Tengo el mayor deseo de verla tras el encargo del Sastre, tras la última portada de su libro. Recuerdo al Maestro, el suyo, nos dijo entonces, que yo también era “la nueva Emily”. De modo que esta es la semilla de su retrato. Tengo el mayor deseo de verla en el centro, la idea me enamora, ¿está usted demasiado ocupada para contemplar la maravilla? Si tuviera tiempo de decírmelo, de decirme la modernidad. La sugerencia en el collage, ¿por qué se presenta como una muchacha tímida, apasionada, frívola, solitaria, festiva? Tengo el mayor deseo de verla en su habitación, envuelta en las flores del wallpaper, que al acercarse desaparecen. Como en los libros de Apollinaire, la trama se confunde con el mundo interior. ¿Podría usted enseñarme a crecer? Sus manos brotan del vestido, sus brazos se reproducen en el poema. Juega con los géneros, con las imágenes y los mitos eróticos, el deseo no consumado o la pérdida. Hay una cierta inclinación de luz en los trozos de papel, en las cicatrices, en las ramitas que separan los capítulos de las sagradas escrituras. Tengo el mayor deseo de verla vestida en su blancura, transparente en su poesía, en su vocación mística, en la intensidad del creador. Deseo verla borgiana, descubrir el secreto de su vida, la más apasionada y solitaria. Contemplar el daguerrotipo, metida en un óleo, en una casa ataúd, en la niñez, rubia como Alicia, la nueva Marilyn repetida de Warhol. Verla sola en la única foto como un hikikomori adolescente. Enséñele su corazón a Susan, su pelo de nieve clavado en un sueño. Tengo finalmente el mayor deseo de verla en los primeros versos, en la muerte, en la cierva desvalida, en el pecado de Eva aguda y serena. La suerte consiste en caer con contundencia, unirse a los juegos gentiles, abandonar la extrañeza del dogma y la oscuridad. ¿Quién eres tú? ¿Eres nadie también? tu vida permanece como un arma cargada en los rincones. Escríbame y cuénteme algo, en prosa o en verso; seré menos susceptible y estaré dispuesto a escribir cosas simples, antes que ninguna.

Su amigo siempre
 


:: gamo

¡La voz de mi amado!
Vedlo, aquí llega,
saltando por los montes,
brincando por las colinas.
Es mi amado un gamo,
parece un cervatillo.
Vedlo parado tras la cerca,
mirando por la ventana,
atisbando por la celosía.
Habla mi amado y me dice:
«Levántate, amada mía,
hermosa mía y ven.
Mira, el invierno ya ha pasado,
las lluvias cesaron, se han ido.
Brotan las flores en el campo,
llega la estación de la poda,
el arrullo de la tórtola
se oye en nuestra tierra.
En la higuera despuntan las yemas,
las viñas en flor exhalan su perfume.
Levántate, amada mía,
hermosa mía, y vente.
Paloma mía, en las oquedades de la roca,
en el escondrijo escarpado,
déjame ver tu figura,
déjame escuchar tu voz:
es muy dulce tu voz
y fascinante tu figura».

Lectura del libro del Cantar de los Cantares 2,8-14

imagen::calber “gamos y cervatillos-53”

Lectura para una boda religiosa: el texto más romántico:

«Palabras que parecen escritas para nosotros, que narran con detalle nuestra historia de amor, con gran significado para toda la gente que nos acompaña en el gran día.  La ceremonia será, sin lugar a dudas, uno de los instantes más emocionantes del día de nuestra boda. El momento en el que por fin nos vamos a convertir en marido y mujer ante la atenta mirada de todos nuestros familiares y amigos. Además de pensar en la decoración y la música que no faltará en la iglesia, es fundamental detenerse en los textos bíblicos que más ilusión nos haga escuchar. La primera lectura suele estar relacionada con el amor y su significado, mientras que la segunda se trata, normalmente, de una carta evangélica. ¡Esta fue nuestra elección!» _María de Guiller


«El Cantar de los Cantares nos descubre el profundo gozo que experimentan el Amado y la Amada en su recíproco amor. El Amado, así es Dios, busca al hombre, quiere atraerle hacia sí. Y la Amada, así es el hombre, así debería ser, le recibe, le acoge emocionada. Todo un Dios, que guiado por su loco amor hacia el ser humano, es capaz de hacerse hombre, venir a nuestra tierra para declararnos su amor e intentar ser correspondido». _Fray Manuel Santos Sánchez O.P. Convento de Santo Domingo

:: cierva

imagen::calber


CIERVA EN SKJOLDEN

comienza musa mía tuya con las canciones  se llaman invierno
se llaman violento paso  modelo norte esta mentira con pies

no hay duda de que extrañas su nombre  no domicilia en estos
tiempos aquel supremo señor conmigo a solas  tres veces se 
detuvo el frío  el género muerte de humillarme

unos fuertes hilos tiene el campo  la cierva se confía en la casa
vecina  abre la boca ya pidas mi destierro

te preguntas por qué escribo  no creas que los versos

caí y todo el mundo huyó de la ruina

Teorema de los lugares raros. Ángel Minaya


Ángel Minaya (Madrid, 1964), licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, cursó estudios de doctorado en Lingüística en la Universidad Autónoma de Madrid. Enseña Lengua y Literatura en un instituto de educación secundaria de la Comunidad de Madrid. Ha colaborado con poemas y alguna reseña en la revista Nayagua y participado en la antología “Voces del extremo: Poesía y desobediencia” (Madrid, 2014). “Teorema de los lugares raros” es su primer poemario publicado.